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Tribuna libre

Tolerancia Zero

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José Luis Rodríguez Zapatero y sus asesores de Moncloa están convencidos de que la gran equivocación de su predecesor, José María Aznar, no fue el Prestige, ni la guerra de Irak, ni la gestión del 11-M. Fue el carácter, la conducta, el estilo presidencial que percibieron los españoles ante esos sucesos. Sobre esta convicción trabaja, jornada tras jornada, su equipo de colaboradores que diseña los mensajes del político leonés con la premisa fundamental de evitar cualquier vinculación con un tono inquisitorial o represor.

 

Aparentemente todo se dialoga, toda importante medida va precedida del oportuno chequeo con un comité de sabios o equipo de expertos que, casualmente, suele ofrecer carta de naturaleza a la decisión ministerial correspondiente. La ciudadanía apenas percibe este juego de abalorios tan lucido que siempre impide descubrir donde está la pelotita. Qué gobierno tan tolerante, que presidente tan abierto al diálogo, que dirigentes tan condescendientes.

 

El número de julio de la revista gay por excelencia, “Zero”, ha dedicado sus páginas centrales a un extenso informe sobre el matrimonio, encabezado por un artículo que firma el propio presidente del Gobierno. Bajo el título “Un país mejor”, José Luis Rodríguez Zapatero alude en repetidas ocasiones a España como ejemplo de igualdad, respeto, tolerancia y modernidad.

 

El que esto escribe acepta muchas cosas, la discrepancia y el contraste entre ellas, pero encaja fatal que le den gato por liebre. Sectarismo interministerial (con purgas funcionariales que han afectado hasta a los ujieres del “régimen” anterior) por aquí; vengadoras reprobaciones políticas jamás vistas en nuestro país desde la democracia por allá; flagrantes decisiones audiovisuales dirigidas unívocamente a beneficiar al amigo por acullá…; y ¡hop! todo elegantemente vestido con la mejor de las sonrisas: no hay parcialidad sino equidad.

 

No, señor presidente. De igualdad, respeto, tolerancia y modernidad, nada. Tolerancia Zero pues según la filosofía de vida diseñada desde Moncloa, este comentario será tachado hoy mismo de intolerante, sólo por haber osado descalificar determinadas actuaciones del Ejecutivo.

 

Y es que la noción de tolerancia que pretende imponer José Luis Rodríguez Zapatero es la siguiente: “Soy tan amante de la libertad individual que nadie tiene derecho a imponer a los demás su propio concepto de ética, de moral, de vida”. Dejemos a los homosexuales unirse en matrimonio, a los ciudadanos optar por el “divorcio express”, a los transexuales cambiar de sexo, a los represaliados por el franquismo respirar aire puro, a los agnósticos poder salir a la calle sin “padecer” procesiones religiosas de otro tiempo… Qué bueno es Zapatero.

 

De acuerdo. Tolere entonces, señor presidente, en aras de la libertad individual, el robo, la violación o el asesinato. O mejor: autonomía para todos y no imponga usted el pago de impuestos, el uso del cinturón de seguridad o la necesidad de dividir mi basura en colores cada jornada. ¿Debe tolerarse la esclavitud si hay personas que apelan a su libertad para tener esclavos e incluso ciudadanos dispuestos a serlo? ¿Por qué no tolerar la producción y el tráfico de drogas y atropellar en cambio la libertad de los españoles que decidan cultivar lo que quieran y luego venderlo, acogiéndose a las reglas del libre mercado?

 

No. Porque hay verdades y valores que se consideran innegociables. También para este Gobierno. Pero ellos deciden lo que es bueno (y lo permiten y alientan, calificándolo de progreso y modernidad) y lo que es malo (y lo persiguen hasta reducirlo a la mínima expresión, bajo el estigma de la intransigencia, la intolerancia y la irresponsabilidad).

 

Es la tolerancia unidireccional, la imposición de la “verdad” de papá Estado; eso sí, eficazmente aderezada en tonos pastel hasta camuflar su verdadero perfil. Por eso, el interés principal de Rodríguez Zapatero desde su acceso al poder ha sido remarcar que toda oposición a la aprobada ley de matrimonios homosexuales es homofobia, machismo, incomprensión e intolerancia. Así sea, señor Zapatero; no vaya a ser que nos reduzca usted al zero.