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Tribuna libre

Por qué Tony Blair no habló del IRA

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El Reino Unido nos comprende bien. Acaba de pasar por algo tan terrible como un atentado terrorista en el propio corazón de su capital, dejando una estela de pánico y miedo que las cámaras de televisión y la flema británica se han empeñado en disimular.

 

Las similitudes con lo sucedido hace un año, cuatro meses y dos días en Madrid son muchas pero no todo ha sido igual. Una de las diferencias más destacadas de forma unánime por los comentaristas y la propia ciudadanía ha sido la reacción tan distinta de la clase política en uno y otro país. Un ejemplo: Tony Blair no habló nunca del IRA durante la jornada del 7-J.

 

¿Los motivos? Los lectores de ECD han dejado en estas páginas, de manera espontánea y en fecha reciente, su opinión al respecto:

 

--Los antecedentes de cada masacre no fueron los mismos. En España, una semana antes del 11-M se detuvo a un comando de la banda terrorista ETA, preparado para cometer un atentado y con un plano del Corredor del Henares. Menos de tres meses antes de la fatídica fecha, varios etarras intentaron una escabechina con mochilas bomba en la estación de Chamartín, en Madrid.

 

--La gran diferencia es que el 8-J no había elecciones en Inglaterra. En caso contrario, la oposición en la Cámara de los Comunes habría actuado de modo similar a lo vivido en nuestro país. Si su éxito en las urnas hubiera dependido de la autoría de Al Qaeda o el IRA, hubieran existido las mismas presiones y juegos sucios.

 

--La prensa actuó de modo distinto. El Gobierno de José María Aznar tuvo que empezar a filtrar información una hora después de haberse producido el atentado porque la presión de los medios empezó a ser asfixiante.

 

--La culpa la tuvo el PNV. El primero que habló de la banda terrorista ETA en un medio de comunicación español fue el propio lehendakari, Juan José Ibarretxe.

 

--El IRA no es la banda terrorista ETA. Los etarras siguen golpeando España con sus coches bombas hoy en día y, si la Policía no anda despierta, volverá a sorprendernos este verano con sus mensajes contra el turismo en forma de bombas.

 

Estas son las opiniones manifestadas libremente por algunos lectores de este confidencial, que han querido explicar su particular visión sobre los motivos por los que Tony Blair no habló del IRA al poco de conocerse la tragedia.

 

Probablemente haya mucha razón en lo expuesto. Yo añadiría, además, que es posible que lo sucedido en España le diera al Primer Ministro británico algunas pistas de por dónde no debía transitar. Quizá es que el inquilino de Downing Street 10 sea un hombre con mucho más temple que otros que tuvieron que vivir una experiencia similar o que dispone de un equipo de asesores más capaz.

 

Admitiendo la coherencia de alguno o incluso, de la mayoría de los planteamientos anteriormente expuestos, debo señalar mi convencimiento de que la clave de todo está asunto se encuentra un poco más al fondo. Tiene mucho que ver con el calado de los dirigentes que han vivido uno y otro hecho.

 

Hay que evitar las generalizaciones y salvar a los buenos políticos que tratan en estos momentos de hacer su trabajo de la mejor manera posible. Sin embargo, lo sucedido en España hace un año, cuatro meses y dos días (y jornadas posteriores) ha dejado en evidencia a unas estructuras de gobierno –en el poder y fuera de él como aspirantes- dispuestas a comerciar con lo más sagrado, con tal de seguir calentando el sillón o hacerse con él.

 

En nuestro horizonte parlamentario, apenas se perciben ciudadanos dispuestos a dirigir nuestro futuro con una visión altruista de su misión, con una concepción densa de la vida. La verdad no existe, se desconoce el significado profundo de lo que está bien o lo que está mal; lo honrado o lo abyecto se confunden y no existe unidad de criterio ni siquiera entre lo bello y lo feo.

 

La democracia española es joven e inmadura. También nuestros políticos. Por eso, hace un año, cuatro meses y dos días, las dos principales formaciones políticas de nuestro país dieron muestras de una mezquindad y una ruindad de tal calibre que, al someterlas al tamiz de lo acaecido el pasado 7-J en Londres, no hacen sino sacarnos más los colores. Por eso, fundamentalmente por eso, Tony Blair no habló del IRA.