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Tribuna libre

Trogloditas militares en España y ese otro PP

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A Zapatero se le notan las prisas, el ansia de encauzar un proceso que ya no domina. Es Batasuna la que marca los tiempos.

Army Troglodytes in Spain”, o sea, “Trogloditas militares en España”. La España anglófona se desayunó el pasado 24 de enero con este titular de un editorial del New York Times. El general Mena Aguado acababa de despacharse, pocos días antes, con una declaraciones explosivas proclamando aquello de que, si algún Estatuto de Autonomía sobrepasaba los límites de la Constitución, el Ejército, como garante de la Carta Magna y en aplicación del artículo octavo, tenía como misión “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad, y el ordenamiento constitucional”.   El comentarista yanki calificó con dureza la osadía del entonces general jefe de la Fuerza Terrestre ahora en la reserva, tuvo palabras de elogio para la inmediata reacción del Gobierno que lo destituyó, y consideró, sin embargo, tremendamente equivocada la respuesta del PP. El Partido Popular “nunca ha aceptado la legitimidad democrática” de las últimas elecciones parlamentarias. “Es hora de que el Partido Popular avance”, sentenció The New York Times.   Me parece muy interesante traer hoy a colación estas ideas, a la vista de los últimos acontecimientos que está viviendo el país. Han pasado cinco meses desde aquella desafortunada intervención del general Mena y las aguas han vuelto a su cauce en los cuarteles. Ahora resulta conveniente analizar, sin embargo, el insólito comportamiento del jefe del Ejecutivo.   Zapatero se mueve inestable al borde del abismo. Se le notan las prisas y el ansia de encauzar un proceso de paz que ya no domina. Sólo hay que escuchar las exultantes reacciones de Batasuna ante la decisión de Grande-Marlaska sobre Otegi, para comprobar que es la izquierda abertzale la que marca, dirige y gobierna los tiempos del proceso. Es decir, el peor escenario de los posibles.   El presidente ha llegado esta semana incluso a faltar a la palabra dada. Otra vez. Dijo que no habría negociación política previa con los batasunos hasta que no rechazaran explícitamente la violencia y acaba de mandar a Patxi López a la mesa con los pistoleros. Después, el prestidigitador de las palabras ha vuelto a intentar justificar lo injustificable.   El inquilino de La Moncloa demuestra una enorme imprudencia y está abocando a su partido a un peligrosísimo callejón sin salida. En el PSOE todavía hay quien recuerda lo que supone perder la brújula en temas esenciales de la vida de un país: el crimen de Estado o la corrupción generalizada. Ahora, la “new generation” de ZP sube la apuesta. A falta de ola económica sobre la que subirse, se la van a jugar a la carta del federalismo y de esa anhelada paz en Euskadi.   Sin embargo, Zapatero y los suyos están utilizando peligrosos atajos. Juegan con el fuego del consenso general alcanzado con la democracia, manipulan el polvorín de esa unidad de España hasta ahora intocable, y se enfangan en la sangre de unas víctimas del terrorismo que han interpretado los últimos pasos del presidente como la bochornosa rendición del Estado al mundo abertzale. Precisamente ante aquellos que deberían estar pidiendo clemencia por sus atrocidades. Todo por el placer de gobernar. Todo por el afán de gloria.   Se trata de impresiones que, como digo, también comienzan a sentirse dentro del propio Partido Socialista Obrero Español. Sería muy revelador que toda la sociedad pudiera escuchar abiertamente qué tienen que decir al respecto los Felipe González, Alfonso Guerra, Rosa Díez, Nicolás Redondo Terreros, Luis Solana, Josep Borrell, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, José Bono, Pedro Solbes o Francisco Vázquez.   Como algo nos va llegando, por filtraciones de conversaciones privadas realizadas en foros más o menos reservados, al final, uno se pregunta si, cinco meses después de aquel encendido editorial, el articulista de Nueva York no podría comenzar hoy su columna con un titular del siguiente tenor: “Trogloditas socialistas en España y ese otro PSOE”.   ¿No creen que sería bastante atinado?

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