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Este próximo viernes comienza la campaña de las elecciones autonómicas en el País Vasco que tendrán lugar el domingo 17 de abril. El hecho en sí –un nuevo proceso electoral- no debería merecer mas comentarios, si no fuese porque ni la campaña, ni las elecciones, ni la vida cotidiana en Euskadi puede ser vista con normalidad. Con la normalidad con que esos mismos hechos se ven en Galicia, Andalucía, Canarias, La Rioja, Aragón, o en cualquier otro punto de España.

 

Es verdad que esta campaña empieza con una buena noticia para los que siempre hemos creído que durante muchos años ha habido un déficit en la aplicación del Estado de Derecho en el País Vasco. Si el Tribunal Constitucional no decide lo contrario antes del viernes, ETA ya no podrá estar físicamente presente en el Parlamento Vasco. Hasta hace unas semanas si estuvo y una de sus últimas actuaciones fue propiciar con tres de sus siete escaños la aprobación en la Cámara Vasca del Plan Ibarretxe. En esta ocasión, la tapadera que ETA-Batasuna habían preparado, “Aukera Guztiak” ha sido prohibida por el Tribunal Supremo. 

 

Todos los  procesos electorales  que han tenido lugar en el País Vasco desde aquellas primeras elecciones generales de 1977 han estado contaminados por  ETA y por todo lo que la lacra terrorista conlleva. El clima de coacción, de amenaza, de miedo, de falta de libertad en definitiva que se da en Euskadi hace que se pueda afirmar que no existe la democracia plena en esa parte de España.

 

En Euskadi, no todos los partidos políticos que se presentan a las elecciones, sus candidatos, lo hacen en las mismas condiciones de igualdad. Los nacionalistas parten con ventaja, con una ventaja que quizás ellos no busquen conscientemente, pero que de hecho se da.  A ellos no les matan, no les queman las sedes, pueden celebrar mítines o actos electorales en cualquier punto de la geografía vasca. Eso no sucede con los partidos  no nacionalistas, a quienes los terroristas o quienes les apoyan si acosan, persiguen, amenazan  y cuando pueden, les matan.

 

Ser del PP o del PSOE en el País Vasco supone un “plus” de heroicidad que los del PNV o EA no necesitan tener. Ser del PP o del PSOE en el País Vasco conlleva un riesgo cierto de que tú seguridad está en peligro. Manifestarse simpatizante, votante o no digamos nada, militante, del PP o de PSOE en muchos pueblos de Euskadi es metafísicamente imposible y recomendable humanamente no hacerlo.

 

En estas circunstancias ¿se puede hablar de unas elecciones plenamente libres?. Obviamente, no. Entonces, si no se dan las condiciones de igualdad entre todas las opciones políticas que concurren en Euskadi, ¿no sería mejor que no se celebrasen?. Esta es una pregunta, por muy descarnada y dura que parezca,  que muchos analistas políticos  se han hecho en estos años y hay opiniones para todos los gustos.

 

Personalmente pienso que aunque es evidente que no se dan todas las condiciones para que se pueda hablar, en puridad democrática, de unas elecciones plenamente libres donde todos puedan defender sus ideas, sin temor a que te peguen un tiro o te pongan una bomba por ello, el mal menor es intentar que Euskadi vaya normalizándose por las vías democráticas y entre estas, que duda cabe que una de las principales, es que haya elecciones.

 

Pero ese mal menor no debe hacernos olvidar tres cuestiones importantes: primera, que el Estado de Derecho tiene que seguir aplicándose con toda la firmeza posible en el País Vasco para lograr cuanto antes unas condiciones básicas de normalidad democrática. En segundo lugar: a los nacionalistas hay que reprocharles que no tengan la fibra democrática, la talla ética y moral para reconocer que ellos, en un escenario electoral como el que empieza el viernes, juegan siempre con ventaja y mostrar una mayor solidaridad y cercanía a los amenazados. Y en tercer lugar: la sociedad española nunca deberá olvidar a los partidos, a sus candidatos, militantes y simpatizantes que sufriendo ese acoso de los violentos en el País Vasco, optan por seguir en la brecha, defendiendo la libertad de todos, la democracia y la paz para Euskadi y para España. Al menos que esto no se olvide nunca, porque esas personas están escribiendo, día a día, las páginas mas dignas y brillantes de nuestra historia.