Martes 06/12/2016. Actualizado 01:07h

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Tribuna libre

ZP, que ya ha cumplido 18 años y no es registrador de la propiedad, prosigue el proceso con prisa y con pausas

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Si algún ingenuo –que haberlos haylos- pensó que los brutales “accidentes” vividos a fin de año iban a torcer la voluntad del Presidente del Gobierno de seguir buscando el fin de la ETA mediante el diálogo y la negociación, ya se habrá caído del guindo.

El proceso sigue, nunca se ha interrumpido y ahora se trata de ir buscando, con cierta prisa y con pausas estudiadas, la forma de que los ciudadanos y las ciudadanas nos vayamos tragando el sapo.

Se ha buscado –y se ha logrado- en un nuevo pacto una salida para el camino de la negociación que estaba taponado por los escombros de Barajas,. Ya no vale un pacto entre dos partidos porque eso es antidemocrático. Tienen que estar todos, y ese todos se traduce en Partido Nacionalista Vasco y en Batasuna. Y “si el Partido Popular viene, será bien recibido sin que se le exija que se humille”. Esto es lo que ha dicho Diego López Garrido en un alarde de magnanimidad.

Se ha buscado el referéndum de la calle con las manifestaciones y con la paloma de Picasso en las pancartas de la Puerta de Alcalá. Y ya se sabe que Zapatero tiene una cierta debilidad por oír y atender la voz de los ciudadanos en las manifestaciones.

Se ha buscado el encuentro con el PNV y Josu Jon Imaz habla de que “Batasuna es la única que puede hacer que ETA deje las armas”, y al mismo tiempo el Presidente del Gobierno busca a Batasuna y pone en el centro del foco unas declaraciones de Otegi para que “las tengamos en cuenta”.

Todo muy claro y bastante diáfano. Hay prisa, pero se hacen las pausas convenientes para que los españoles y las españolas puedan ir digiriendo el menú que les espera.

El resto pueden ser cortinas de humo, pueden ser desplantes en el Congreso de los Diputados, pueden ser frases más o menos afortunadas y hasta pueden ser maquiavélicas urdimbres para aislar al Partido Popular y cerrarle todas las vías de escape hacia una relación normal con las distintas formaciones políticas. Pero que nadie dude de que la meta sólo es una: el intento de acabar con el terrorismo mediante la negociación.

Dicen fuentes próximas a Ferraz que el “noqueamiento” de Zapatero no se produjo por el coche-bomba, ni por los cadáveres, ni por la constatación de que la ETA había vuelto a matar. Lo que al presidente le dejó “sonado” y sin capacidad de reacción fue la imposibilidad metafísica de asimilar los porqués del nuevo atentado de la banda terrorista. Todo un índice de cómo es su pensamiento.

Renqueante, la vida política se ha ido recuperando tras las manifestaciones del fin de semana y después del agrio debate en la Carrera de San Jerónimo. Y, con mayor o menor fortuna, todo vuelve a su ser.

Moratinos prepara una cumbre en Córdoba por aquello del islamismo y –debe de ser por la alianza de civilizaciones- José Blanco nos amenaza con no olvidar. Eso suena a pelea de pueblo, a lo mejor Palas de Rey, a las peleas familiares que casi siempre acaban con la frase de “yo perdono pero no olvido”. Este hombre siempre tan a ras de tierra.

Y, siguiendo con la “normalidad” de la vida política, “Gara” dice que tiene papeles y que hay actas, y que a ver si cumplimos, porque si no cumplimos luego pasa lo que pasa. Algo de eso hablarían en su “secreta reunión” publicitada el presidente Zapatero y el Lehendakari Ibarretxe, que por fin se ha podido hacer una foto con motivo del denominado “proceso de paz”.

También las cosas se normalizan en el Partido Popular y volvemos al Rajoy tronante de los miércoles parlamentarios y al Rajoy que dice que va con propuestas pero esas propuestas ni siquiera nacen porque ya se encargan los fontaneros de decir que ni se van a discutir. Y, entonces, los populares se quedan con el puño en alto –que nadie piense mal-, y amagan pero no dan, y hay gente en el partido conservador que dice que ya es hora de bajar el puño y posarlo violentamente sobre la mesa política.

Y en estas estábamos cuando, con viento de levante, aparece Felipe González y nos explica –le explica a Zapatero- eso de las manzanas en la misma cesta y que jugar a un solo número es un riesgo y que los buenos jugadores se mueven por el tapete con varias opciones. Pues lleva razón el ex Presidente, que de eso sabe algo. Pero Zapatero es hombre de fidelidades y de una sola idea, y a tal idea se lo está jugando todo.

Y nos cuenta el Presidente del Gobierno eso de que la sociedad tiene que buscar vías y ser justa y generosa. Lo dice fuera del Parlamento, pero lo dice, y hay que tomar nota porque es una pildorita más que, tarde o temprano, nos vamos a tragar.

Y Farruquito en la trena.