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Tribuna libre

Zapatero y Rajoy meditan sobre el futuro del Gobierno, mientras Florentino Pérez quiere cambiar su Real Madrid

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Quienes pensaban que la cercanía de la Navidad, era presagio de una tregua en la frenética actividad política de los últimos meses, se han llevado un chasco, la semana no ha podido venir más cargada de acontecimientos.

Quienes pensaban que la cercanía de la Navidad, era presagio de una tregua en la frenética actividad política de los últimos meses, se han llevado un chasco, la semana no ha podido venir más cargada de acontecimientos. Aún con la resaca de la comparecencia de Doña Pilar Manjón en la Comisión del 11-M, el Presidente del Gobierno anunciaba el nombramiento de un Alto Comisario para la ayuda y protección de las víctimas del terrorismo. Pocos se creyeron que el nombramiento de Peces Barba no respondiera a un oportunismo fácil, menos aún son los que se creen que fuera una decisión largamente meditada y casi nadie piensa que la Alta Comisaría sirva para algo más que para una operación de imagen. Algo parecido sucedió con el aldabonazo de Rodríguez Zapatero, que sorprendió a propios y extraños, con el anuncio a quemarropa de la puesta en marcha de un plan de seguridad que estaría vigente durante las fiestas. El “no se alarmen” tampoco convenció a los ciudadanos y el que más y el que menos se asustó quizás más de la cuenta. No parece que ese anuncio fuera oportuno. La oposición lo advirtió e incluso en las filas socialistas hubo caras de extrañeza. Por otra parte, no es nada nuevo. Hay quienes piensan que Zapatero se ha querido subir a un carro ya en marcha desde hace años o, lo que es peor, que se quiere curar en salud y que nadie pueda acusarle, como ha hecho él con el Partido Popular de imprevisión en el 11-M si algo, desgraciadamente, ocurriera en estos días. El bocadillo que los dos socialismos periféricos, el catalán y el vasco, están haciendo con el PSOE y con el Gobierno sigue su cocción y no precisamente a fuego lento. Al plan Ibarretxe, que sigue su andadura en el parlamento de Vitoria, le ha salido un hermano casi gemelo cosa que, a estas alturas, no tendría mayor importancia sino fuera porque el padre de la criatura es precisamente el Partido Socialista de Euskadi. Resulta meridianamente claro -y todo el mundo político lo está viendo- que los compañeros catalanes y vascos aprietan cada vez más las clavijas a Ferraz. No es extraño que Zaplana aproveche el viaje para hablar de elecciones anticipadas. En los mentideros se habla de un final de legislatura como si lleváramos tres años en vez de nueve meses. Todo un síntoma que se une al de la Vicepresidenta del Gobierno afirmando que el Gobierno está fuerte. Rajoy quiere reunir a sus huestes y hablar de estrategia. En medios del PP se teme que esta carrera con táctica de 100 metros para velocistas no es soportable a medio plazo y que quizás haya que levantar un poco el pie del acelerador sin entrar a todos los trapos del Gobierno, pero el problema está en que 10 millones de votantes no van a entender un cambio de estrategia por ligero que sea. Se cierra la semana con la felicitación navideña de Zapatero a nuestras tropas desplegadas en diversos países; un Zapatero extrañamente serio e incluso melodramático, una imagen que se acerca más a la que ofreció en la Comisión del 11-M que a la del Zapatero permanentemente sonriente y afable. El cierre de la Comisión del 11-M ya es un hecho y al Partido Popular apenas le queda el recurso al pataleo, casi como al Real Madrid de Florentino y ahora de Arrigo Sachi que, según se dice, incluso en el vestuario madridista, viene a hacer una limpieza drástica. El tiempo dirá. Y la suerte otra vez en Sort, valga la redundancia. Suerte sí, pero es que es la Administración de Loterías que más vende, con diferencia, de toda España y el Internet ayuda mucho en las ventas. Aunque sólo sea por probabilidades, no todo es suerte. Y para postre nos llega una sentencia del Constitucional que da la razón a un caballero contra Tráfico: no basta con que el alcoholímetro dé positivo, además las autoridades tienen que demostrar que ese grado de alcohol hace al individuo peligroso para conducir un coche o le impide hacerlo en condiciones mínimas de seguridad. Una sentencia que va a traer cola.