Miércoles 07/12/2016. Actualizado 09:19h

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Tribuna libre

A Zapatero le pierde la coquetería y su gusto por los complementos, mientras a Rajoy le persiguen allá donde va

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El calor no da tregua y la clase política española da muestras de agotamiento físico y, sobre todo, mental. Hay quienes están pidiendo unas largas vacaciones a gritos.

El calor no da tregua y la clase política española da muestras de agotamiento físico y, sobre todo, mental. Es la única explicación, medianamente lógica, que tiene el “baile de disfraces” que ha protagonizado el Presidente del Gobierno.   Los paños calientes que se han querido poner desde La Moncloa o desde Ferraz –léase Diego López Garrido- o el mismo Moratinos contestando airadamente a interlocutores en reuniones de empresarios sólo han servido para alimentar el fuego de la indignación.   Lo de el pañuelo ha sido una metedura de pata clamorosa que no tiene más explicación que la superficialidad que preside todas y cada una de las acciones de Rodríguez Zapatero. Alguien tenía que haberle explicado que la Kufiyaes algo más que el pañuelico sanferminero y que, desde luego, tiene un significado mucho más profundo que el de un simple adorno. La habilidad de este hombre para meterse en charcos en los que antes de su inmersión no había ni agua es sorprendente.   No sé si la culpable será Iberdrola pero los “apagones” mentales del dirigente socialista son más que preocupantes. Y ya no preocupan solamente en España. Sus lagunas mentales empiezan a trascender nuestras fronteras y en el extranjero no es fácil que se distinga entre España, los españoles y quien -de forma coyuntural- ocupa la Presidencia del Ejecutivo. Y si no, que se lo pregunten a los ciudadanos de los Estados Unidos de América.   Lo que pasa es que los “apagones” nunca vienen solos, y ahí está el Partido Popular que quiere convertir un programa electoral y las próximas elecciones generales en una especie de referéndum –llamado plebiscito- sobre la unidad de España. Si se hacen cálculos electorales en las “españas” en las que los populares tienen poco que hacer, el resbalón institucional puede ser monumental.   Demasiados “apagones”. Los hubo en Guadalajara en el funeral por las víctimas del incendio del pasado año. Las familias dejaron “a oscuras” de apoyo popular a los políticos que ocuparon los primeros bancos de la iglesia. Bochorno.   Pero donde hay una oscuridad más luminosa y más preocupante es en la pseudonegociación del Gobierno con la ETA-Batasuna. Hay un insano afán de oscuridades y silencios. Se confunde la discreción con el oscurantismo y un día sí y otro también aparecen los dirigentes socialistas o algunos Ministros pidiendo silencio.   Es como si Blanco imitara aquel gesto de Raúl en el Nou Camp tras marcarle un gol al Barça, recorriendo con la vista las gradas y posando su dedo índice entre la boca y la nariz. ¡Silencio! ¡Chitón! Aquí todos callados.   De momento, el silencio se ha hecho oficial y parece que se “apaga” el proceso hasta finales de agosto, pero nadie sabe las razones del parón y cada uno es muy libre de hacer las conjeturas que quiera –salvo que Moratinos no lo tolere- del por qué se “frena” el proceso de paz. Todo brumoso.   Tampoco Txapote y su compañera contribuyen demasiado a iluminar el proceso. El etarra parece un león enjaulado que da vueltas y más vueltas entre los barrotes mientras ensaya muecas de desprecio ante víctimas y jueces y traga sapos -entre fingimientos de tranquilidad y seguridad- frente a las miradas valientes de hombres como el hijo de Múgica que le señala de forma inequívoca como el asesino de su padre.   A Rajoy le apagan las luces en todas sus comparecencias públicas. Deben de ser los compañeros de la UGT del sindicato de la luz, pero las autoridades socialistas las califican de chiquilladas. Es una especie de kale borroka que se desplaza junto al líder popular como el cobrador del frac o como aquel personaje disfrazado que perseguía a los ediles madrileños.   Por cierto, que Ruíz Gallardón amenaza con una nueva legislatura de obras, ahora para “poner guapo Madrid”. Hay que ponerse en lo peor.   La Familia Real ya está en Baleares y ya tenemos las fotos de todos los años. Si no fuera porque los nietos de SS.MM están más creciditos, pensaríamos que son las mismas de otros veranos.   Es como la manía de los informativos de la televisión de darnos como noticia sensacional que hace calor y que en Andalucía o en Extremadura se sobrepasan los 40 grados a la sombra. Y venga secuencias con primeros planos de los termómetros callejeros y de gentes que se meten en las fuentes públicas o debajo de los chorros de agua. Un notición.   Rodríguez Zapatero se va a La Mareta y es de suponer que algunos políticos de Cataluña estén esperando para zambullirse en la piscina de Pedro Jota hasta que les llegue la hora de votar en las elecciones que se avecinan para los “culés”, que le van a dar el verano a Laporta. Todo vuelve, donde solía, un verano más.   Y es que en estos días de canícula todo se mezcla y todo se confunde. Y a veces esa confusión se aloja en las meninges de nuestros políticos. No hay más que examinar las declaraciones de Blanco, las manifestaciones –pancarta incluida -de Zerolo o las disquisiciones filosóficas de Llamazares.   Hay quienes están pidiendo unas largas vacaciones a gritos.