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Zapatero se fumará un puro

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La concentración-manifestación celebrada el pasado sábado en la madrileña Plaza de Colón y alrededores volvió a constituir un nuevo éxito

Por tercera vez en el corto plazo de un año, los españoles hemos salido masivamente a la calle, secundando las diferentes convocatorias realizadas por la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) para exigir al Presidente Zapatero: “negociación, en mi nombre, NO”.   La concentración-manifestación celebrada el pasado sábado en la madrileña Plaza de Colón y alrededores volvió a constituir un nuevo éxito por los cientos de miles de personas que acudieron a ella procedentes de toda España. A diferencia de las dos anteriores, esta convocatoria tenía un cariz especial: era la primera que se celebraba tras el “alto el fuego permanente” declarado por ETA el pasado 22 de marzo y tenía lugar pocos días antes de que Zapatero acuda al Congreso de los Diputados para informar que comienzan los contactos -habría que añadir que los “oficiales”, porque los “extra oficiales los lleva manteniendo desde hace cuatro o cinco años- con la banda terrorista ETA.   Por eso era muy importante medir el éxito o no de esta nueva convocatoria de la AVT ya que el Presidente del Gobierno, sus ministros de más peso político –muy pocos pero uno o dos hay- y todo el aparato de propaganda gubernamental se han estado volcando en estas últimas semanas en explicarnos a todos los españoles las ansias de paz que nos invade. Pues bien, Zapatero ya tiene la respuesta de una parte importante de la ciudadanía: ¡claro que la gente quiere la paz!, pero no a costa de pagar un precio político por ella. Los españoles estamos menos anestesiados de lo que el Presidente piensa.   La Vicepresidenta primera del Gobierno se preguntaba con una gran dosis de cinismo en la víspera de esta concentración que cómo era posible que llevando tres años sin atentados terroristas, se celebrara una manifestación contra el terrorismo. La señora Fernández de la Vega o nos toma por tontos a todos los españoles o ella se cree muy lista, o ambas cosas a la vez, porque de sobra sabe que la manifestación del pasado sábado no era contra el terrorismo, sino contra la política antiterrorista de Zapatero, que no es lo mismo.   Este hecho –que los ciudadanos se manifiesten por tercera vez en un año contra la negociación que el Gobierno del PSOE está llevando a cabo con ETA- debería de hacer reflexionar al ejecutivo, pero habrá que perder toda esperanza, porque Zapatero va a seguir, a pesar de los pesares, con su “hoja de ruta” negociadora. El Presidente es un personaje, en esta delicada cuestión de ETA y en otras, absolutamente imbuido de sí mismo, seguro de lo que hace, endiosado, sin capacidad ni ganas de oír la voz de la calle.   Hace falta tener ganas de suicidarse para seguir adelante en este proceso negociador con ETA, cuando el principal partido de la oposición, que representa en esta cuestión el sentir de una inmensa mayoría de españoles, te ha retirado su apoyo; cuando las víctimas del terrorismo, te están diciendo que en su nombre no negocies; cuando en las instituciones europeas empieza a causar estupor que el Gobierno de España que hace pocos años pidió y consiguió el apoyo de esas mismas instituciones para derrotar a ETA, ahora se plantee la negociación con la banda terrorista y el pago de contrapartidas políticas para que no vuelva a matar.   Pero todo esto no le saldrá gratis a Zapatero. El Presidente corre dos serios peligros: el primero, que ETA que es una banda compuesto por asesinos, le maltrate, abuse de él, le arrastre por el fango. ETA ha olido hace tiempo la debilidad de Zapatero y será implacable al respecto. El segundo peligro es que las tres manifestaciones celebradas en este último año contra la política antiterrorista de este Presidente han puesto de manifiesto que la sociedad española conserva todavía una fibra moral que se pone de manifiesto en ocasiones importantes, como es estar siempre al lado de las víctimas del terrorismo y en contra de la negociación con ETA. Esa fibra moral, que no lo dude Zapatero, se puede rebelar contra él cuando el pueblo soberano sea convocado a las urnas. Y entonces, más dura será la caída.