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Zapatero ojeroso

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De Rodríguez Zapatero podría postularse que le salió bien cuanto ha venido improvisando y que le suele salir mal lo que planea

Ojeras de desesperanza y de fatiga llegan a la soledad de la Moncloa pese al descanso evasivo del fin de semana y las llamadas telefónicas con que Fernández de la Vega rige el país sin conocer el sueño. De Rodríguez Zapatero podría postularse que le salió bien cuanto ha venido improvisando y que le suele salir mal lo que planea. En otras palabras, hablaríamos del cortoplacismo y la táctica. Durante bastante tiempo, esto se asemejó bastante a gobernar por encantamiento, mediante la expedición de fórmulas analgésicas y publicitarias, como la importación sin responsabilidad –por ejemplo- de un proceso de paz al que ni siquiera en el PSOE prestan ya su ardor retórico. En el ámbito internacional, lo mejor de la pequeñez sobrevenida es que amortigua la resonancia del descrédito.

Es un ilusionismo que se acaba como tras el domingo llega el lunes: no queda tanto para la temporada de celo de la campaña electoral y el espectrograma de las encuestas dará a cada poco las variaciones de temperatura del electorado. La bolsa de votos prestados del 14 de marzo es algo que el PSOE ha manejado con tanta ligereza en su cuidado como improcedencia en la extensión del mandato electoral: ahí le llegaron votos que no le llegaban desde 1982 y que en buena parte eran votos centristas más o menos sacudidos por el miedo. Las encuestas dirán lo que digan de Rajoy pero la derecha no anda tan maltrecha, con su masa social bien compactada y de cuando en cuando alguna ambientación magnífica de calor y bronca, como se ve cuando la mesocracia en pleno toma la calle y sorprende al PSOE desarbolado o en plena vacación. Tanto enconamiento se puede asociar, por ejemplo, al recuerdo de un gobierno popular que no redefinió la insustancialidad como ha hecho este. Hay goteras que ya no puede obturar Rodríguez Zapatero cuando Carod vuelve a Cataluña y Madrid se entrega a Aguirre y Gallardón. En otros ámbitos, el gobierno de apariencia hiperactiva y voluntarista ha pasado a la letargia. El resultado es que los problemas son los mismos y además se agravan.

El recurso del PSOE a la videoteca será un gesto vano de comunicación política pues entre las fuerzas de la derecha permanece el haber sido intransigente con el terror. Es algo que no ha podido hacer Rodríguez Zapatero con tanto tiempo perdido con la paz y que le penderá siempre como agravio en la comparación. Muy razonablemente, las víctimas tienen menos indulgencia que Zapatero optimismo, incluso a estas alturas. La magnitud de la iniquidad sólo puede equipararse al estrépito estratégico de acudir al almo de Otegi y no al de las víctimas para fraguar el silencio de las pistolas. Queda aquí para su arrepentimiento el que Zapatero debería haber descabalgado del proceso al reparar en qué compañía tiene y qué compañía le falta. Puede ser que cuando se dé cuenta, su próxima candidatura ya sea para la alcaldía de León.