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Tribuna libre

Lo que Zapatero piensa del Rey y Letizia

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Un micrófono indiscreto ha grabado ‘la última’ de ZP. “¿Qué es un cayuco?”, preguntó Blair. “Pues un… barco pequeño”, dijo el presidente.

A uno le gustaría conocer qué idea tiene realmente el presidente del Gobierno sobre la monarquía española. El interés está justificado dos veces. Me explico. Por un lado, España entera debate en estos momentos, en bares y tertulias de salón, qué será de la institución, qué querría que fuera, a dónde debería ir. En ese contexto social, sería bueno saber qué piensa sobre el particular aquél que dirige los destinos del Estado.   Pero es que, además, esté uno a favor de la monarquía o no, lo que nadie medianamente honesto intelectualmente podrá negar es que se trata de un asunto delicado, grave, que se debe abordar con suma delicadeza y tino. Ante este panorama, resulta perentorio conocer qué medita Zapatero al respecto, un político que –estoy pensando en ETA, por ejemplo- ha demostrado tener tanto de audaz y atrevido como de atolondrado.   Se mueve por los temas de mayor relevancia para la vida de los españoles, sí, con desparpajo, pero también con frivolidad. Y uno termina por sospechar que al bienintencionado político leonés le podría faltar peso, altura y talla para el envite. Los años, además, parecen empeñarse en no sacarlo de estrecheces. “¿Sabes la última de Zapatero?”. Siempre hay una ‘última’, es curioso.   En este caso, también existe. Ha sido otro micrófono indiscreto (¿cuántos van ya?) el que ha recogido ‘la última’ del presi. Al parecer, una cámara de La Sexta Noticias grabó imágenes sin sonido del encuentro entre Tony Blair y Zapatero del pasado martes. El aparato, que tenía un disimulado micro incorporado, logró registrar la pregunta del primer ministro británico al líder del PSOE:   --¿Y qué es un cayuco?   A lo que el inquilino de La Moncloa respondió:   --Pues es un… barco pequeño.   El anuncio del nuevo embarazo de la Princesa de Asturias ha reabierto el debate sobre la necesidad y conveniencia de reformar el artículo 57 de la Constitución Española, a fin de eliminar el principio discriminatorio de la prevalencia sucesoria del varón sobre la mujer en la Corona.   De momento, no hay prisa porque el hecho sucesorio sólo se planteará cuando el Príncipe Felipe se convierta en Rey tras la muerte o abdicación de su padre. Sin embargo, esta reforma, a todas luces conveniente y necesaria, tiene trampa. Por un lado, se exige el respaldo de dos tercios del Parlamento, la disolución de las Cámaras y un referéndum. Con la que está cayendo. Pero es que, además, hay quien espera promover entonces una discusión de fondo sobre la propia razón de ser de la Monarquía.   Y esto, ¿qué problema tiene? Ninguno en el plano teórico; algunos en la práctica. Sólo hay que ver cómo están los ánimos. Todo se politiza: la judicatura, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el mundo de la Cultura, la vida económica (OPAS incluidas), los medios de comunicación… Nada se salva, ni el Deporte –¿a dónde vamos a llegar con esto de las selecciones de fútbol plurinacionales?-. Todo queda adulterado de ése “o conmigo o contra mí” que han puesto de moda los poderosos de España.   Con estos planteamientos, teñidos de mucha víscera y poca mesura, entrar a debatir sobre la cuestión monárquica puede ser una bomba de relojería.   Esta semana, sin ir más lejos, el historiador Stanley Payne daba una clave interesante ante un grupo de periodistas que le escuchaban en la Universidad de Georgetown. El hispanista aseguró lo siguiente:   --La experiencia republicana en España fue “desastrosa, pues la Primera colapsó el país y la Segunda lo dividió en una Guerra Civil”. “Si con esta experiencia alguien cree que la República puede ser en este momento una solución para España, merece estar apartado en un manicomio”. La República no es hoy en España algo que anhele el “hombre de la calle, que no está politizado”, sino sólo “la extrema izquierda, algún sector del Partido Socialista y los ex comunistas”.   A la conferencia de Payne asistió, por cierto, en primera fila, el Príncipe Felipe. Él ya conoce –según garantizaba hace unos días el diario El País- una encuesta de la pasada primavera según la cual el 83% de los españoles cree que el cambio en la Jefatura del Estado se producirá “sin sobresaltos”. Eso sí. Los españoles se han declarado también mayoritariamente ‘juancarlistas’, que no monárquicos.   Por todo lo anterior, interesaría mucho conocer lo que piensa Zapatero del Rey y Letizia. De momento, el jefe del Gobierno nos ha adelantado alguna pista. ¿O es que ya nadie recuerda el viaje del Rey a Texas, para visitar el rancho de George Bush y templar gaitas tras el desplante de Zapatero a la bandera USA y la brusca retirada de tropas de Irak?   O sea, que el monarca vendría a ser para nuestro presidente como un… Miguel Strogoff de la política Exterior española, ¿no? Para echarse a temblar.

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