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Tribuna libre

Zapatero en su rincón

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Gobernar o negociar teniendo que disimular los moratones de los golpes es una tarea complicada.

El Presidente del Gobierno podría haber sido castigado “al rincón” por traviesillo. También sería normal que estuviera arrinconado políticamente –Bush o Merkel nos ilustrarían al respecto-. A lo mejor él mismo podría haberse refugiado en un rincón...

Pero me refiero a ese rincón pugilístico en donde se refugian los boxeadores, entre asalto y asalto, para tomar aire e instrucciones.

Cuentan el “sucedido” de un púgil al que le estaban propinando una paliza fenomenal y al que, cada vez que llegaba al rincón, sus cuidadores le decían: Sigue así que ni te ha tocado. Y vuelta a empezar el calvario de golpes y, tras la campana, más de lo mismo: Nada, que ni te llega, ni te roza.  Y así llegaba el final del combate con el pobre hombre molido, hasta que en uno de los descansos explotó y dijo a los “segundos”: Este tío ni me ha tocado, pues estad atentos que por ahí hay otro que me esta sacudiendo de lo lindo.

Algo muy parecido le pasa a Rodríguez Zapatero con la ETA y el mal llamado proceso de paz. Un día tras otro le “sacuden” con la kale borroka, le queman cajeros, le dan ultimatums siguen las extorsiones, le dejan en evidencia con eso de las promesas incumplidas, le exigen cada vez más cosas o le montan manifestaciones de protesta, pero él sigue tan terne y se empecina en eso de que ni me han rozado el mentón.

Además, también tiene unos segundos que le jalean como si fueran los palmeros de Peret: Presidente que no pasa nada, que todo sigue su proceso, que funcionamos según lo previsto, que te vas a cubrir de gloria. Y el Presidente vuelve al centro del ring político y sigue intercambiando “golpes” con los terroristas. Bueno, eso de intercambio no deja de ser un eufemismo.

No lo tiene fácil el Presidente del Gobierno. Los “palmeros” tampoco, por más que los Rubalcaba, De la Vega, López Garrido y Blanco pongan cara de felicidad y, en el caso del político de Lugo, hasta no nos cuente lo que sabe y regañe a “los que no saben”. Hombre, si es por sabiduría, tampoco le llevaría demasiado tiempo relatarnos su acerbo.

El proceso en el que se ha embarcado el Gobierno de Zapatero es difícil de entender, sobre todo con lo que sigue haciendo “la otra parte”. Por las razones que se intuyen, la ETA no facilita las cosas y no ceja en su empeño de acercar presos, de acelerar el proceso de autodeterminación, de conseguir Navarra y, ahora, de extorsionar las obras del AVE.

Los etarras han probado suerte con Francia, y Francia les ha contestado sin el menor titubeo. Esa es precisamente la gran baza que tienen los terroristas frente al Gobierno: el titubeo, más que la blandura. Si tuviéramos un Gobierno simplemente blando, sabríamos a qué atenernos, pero tenemos un Ejecutivo que niega la realidad, que no admite que le están dando por todas partes y que cada vez que comienza un “asalto” sale muy mal parado. Y gobernar o negociar teniendo que disimular los moratones de los golpes es una tarea complicada.

A poco que nos descuidemos –y ya se habla de que la tregua puede estar tocando fondo- podemos tener un Presidente del Gobierno grogui o, lo que sería peor, sonado.