Miércoles 18/10/2017. Actualizado 12:33h

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Tribuna libre

Zapatero el transparente

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El presidente del Gobierno es de una transparencia meridiana. Comenzó su andadura firmando letras y pagarés que no es que pensara no pagar, es que jamás se detuvo a pensar si podría pagarlos o no.

No sólo no tiene proyecto e improvisa sobre la marcha sino que se le ve venir de lejos.

El presidente del Gobierno es de una transparencia meridiana. Comenzó su andadura firmando letras y pagarés que no es que pensara no pagar, es que jamás se detuvo a pensar si podría pagarlos o no. Los nacionalistas le sacaron de los primeros atolladeros y él firmaba y firmaba, a todo decía que sí y después…si te he visto no me acuerdo.

Los arturmas y los ibarretxes y hasta los chaves y los ibarra se sentían engañados, pero Rodríguez Zapatero ya estaba en la alianza de civilizaciones o convenciendo a los sindicatos o a los empresarios. Parches y más parches del día a día vivido con sonrisas y optimismo antropológico.

Negó la crisis y poco a poco la fue admitiendo. De ralentización a dificultades pasó sin pestañear. Después vino la crisis y más tarde la recesión. Solbes dio la cara y el mismo Zapatero se la partió.

Las entrevistas de La Moncloa a las que convoca a Rajoy son mentiras para hoy y falacias para mañana.

El G20, el G7 y hasta el cuarentaitantos son huidas hacia adelante en espera de que la situación se arregle por sí sola entre elección y elección, y los cambios en el gobierno o en el PSOE y las bombillas de Sebastián, o las salidas de pata de banco de Pajín o los mítines de Blanco y hasta las visitas de Sarkozy sólo son eso, humo y más humo.

Dicho lo cual, y aunque parezca contradictorio, Rodríguez Zapatero es simple como el asa de un cubo, se le ve llegar a kilómetros y en su parcheo e improvisiones de cada día no engaña a nadie. Es la pura transparencia.

Ahora toca el debate del estado de la nación. Rotos los puentes con los nacionalistas y en la más absoluta soledad de la minoría mayoritaria del Congreso, toca el giro a la izquierda. Hay que buscar lo que queda de Llamazares o lo que queda de Esquerra, y lo que queda de una izquierda trasnochada que pone su meta en reprobar al Papa. Y en esa búsqueda de apoyos pírricos para llegar a las europeas con un mínimo de aire en los pulmones, asistiremos a un discurso castristachavista en el que volverá el espectro de Bush, el fantasma de Aznar, la foto de las Azores, el despilfarro de los ricos y la rapiña de los capitalistas.

Y se ampliará el plazo de la cobertura del paro y se dará algo a los más desfavorecidos y, por supuesto, no se abandonará a nadie a su suerte. Transparencia absoluta.

Es la izquierda que viene, pero sólo para quedarse un tratito, los días del debate y hasta la próxima, que ya veremos qué decimos, porque hacer hacemos poco, si acaso decimos lo que vamos a hacer, pero nunca lo que estamos haciendo ahora y aquí. Como el cristal.

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