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Tribuna libre

La actuación “oficial” de Sonsoles

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Mandar mucho te permite que, si tienes una esposa que le da al cante, te puedas desplazar por el mundo entero con facilidad

Siempre he pensado que ser Presidente del Gobierno es un marrón de considerables dimensiones. Que si las amenazas, que si la oposición –que siempre son unos pesados-, los viajes oficiales, que si los cursos intensivos de economía e idiomas, que si ahora toca arreglar el cuarto de baño de La Moncloa –fontanería menor-, más tarde elegir el yate… en fin, un cargo insufrible. Y siempre sonriendo. Porque si no sonríes la gente se enfurece. Pregúntenle al Aznar de los últimos años.   Lo de dirigir un país no se lo recomiendo ni a mi peor enemigo. Aunque, como excepción, se lo aconseje siempre a mi amigo Juan Villar, que es un cachondo. Pero no crean, es por interés, o por capricho más bien: quiero que me consiga una cartera ministerial. Tal vez sea demasiado honrado como para profundizar en política, pero créanme que con él en La Moncloa nos reiríamos un montón. Les avisaré si se presenta algún día para que lo voten sin dudarlo.   Pero sí es verdad que eso de mandar mucho también tiene sus momentos dulces, además del día de la victoria electoral que, por lo que cuentan, es la juerga padre y todo el mundo quiere invitarte a copas. Mandar mucho te permite que, si tienes una esposa que le da al cante, te puedas desplazar por el mundo entero con suma facilidad, siguiendo los bolos de tu pareja. Es entrañable.   La prueba la tenemos en Zapatero. La oposición, siempre tan atenta a todo, está tratando de sacar petróleo del viaje de Zapatero, en avión oficial, a Berlín. El mandamás español acudió a esa ciudad a contemplar una actuación musical de su esposa Sonsoles. Que canta. O sea, que canta en un coro. De ópera, creo. Entrañable es poco.   No tengo muy claro si la oposición debería o no perder el tiempo con estas cuestiones menores habiendo fuegos que apagar –lamento la metáfora- en toda España. Sí tengo muy claro que las cursilerías que tanto le gusta impulsar a Zapatero terminarán por volverse en su contra, una tras otra. Tal vez un jefe de estado no deba impulsar un oportunista Código del Buen Gobierno si luego pretende llevarse decenas de cocineros de vacaciones o permitirse toda la hilera de excentricidades que se comentan en la prensa sobre la vida ordinaria de Sonsoles. Que, de ser cierto todo lo que se lee en los periódicos, de ordinaria no tiene nada. Buceen en las noticias –vuelvo a lamentar la metáfora- de este verano y sabrán de qué hablo.   No seré yo quien me oponga a la galáctica carrera musical de la mujer del presidente. Jamás. Ni seré quien ponga alguna pega a que Zapatero, si ha de viajar, lo haga en avión oficial y con la debida protección. Faltaría más. Aunque el presidente, conocedor de estas circunstancias, tal vez podría esperar a tiempos mejores para hacer de road manager de Sonsoles por el mundo adelante. Con suerte, después de estos cuatro añitos en La Moncloa, o cuando decida retirarse de la vida política, tendrá todo el tiempo del mundo para asistir a las actuaciones de su mujer.   La cuestión es más sencilla de lo que se debate estos días. Si ha de viajar, que lo haga en avión oficial. Si presume de la cosa esa del Buen Gobierno, que evite hacer viajes de placer innecesarios mientras mantenga su cargo. Si Sonsoles le dice aquello de “José Luís, si no vienes no te lo perdono”, por supuesto, que vaya. Corriendo, si hace falta. Cualquier hombre sabe bien la crueldad de una amenaza así. Pero entonces que no salgan bomberos de su partido a inventarse que si era un viaje oficial, que si los presidentes anteriores hacían lo mismo y no sé qué más. Primero porque si, según Zapatero, el anterior presidente lo hacía todo mal, no debería imitarlo. Segundo porque no recuerdo yo a Ana Botella liderando una banda de heavy metal, ni a Aznar en primera fila de sus conciertos, con los dedos como cuernos y ataviado con una camiseta negra de Metallica. Y tercero porque, si los presidentes anteriores abandonaron el país –estando esto hecho unos zorros- para acudir a citas musicales de carácter personal, también lo hicieron mal. Sean del signo político que sean.   Al final, detrás de todo esto, lo único que hay es algo que ya sabíamos: sobran gestos y gabinetes de comunicación y falta buen gobierno. Es un mal que se está instalando, poco a poco, en gran parte de la clase política. Pero que nadie malinterprete mis palabras. Yo le deseo toda la suerte del mundo a Sonsoles en su aventura musical. Lo primero es lo primero. Aunque eso sí, si pudiera quedarse de gira por Soria una temporada –como la Paca de Martes y 13- se lo agradeceríamos de todo corazón porque así nos ahorraríamos estos debates tan tontos. Si al final algunos me van a tener que dar la razón: siempre que se juntan música y política saltan chispas.