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Tribuna libre

¿Y ahora qué, ZP?

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Si la cara es el espejo del alma, el rostro serio y crispado al mismo tiempo del Presidente del Gobierno en el mitin de ayer en Vigo, denotaba que el éxito de la manifestación del pasado sábado en Madrid convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo le había hecho mella. Tiene su lógica, porque es la primera ocasión desde que llegó a la Moncloa que se ha encontrado con una respuesta contundente en el mismo terreno donde él jugó siendo líder de la oposición: en la calle.

 

Pues que se vaya haciendo a la idea, porque en este mes de junio, hay otras dos importantes manifestaciones convocadas. El próximo día 11 en Salamanca, para protestar por la arbitraria decisión del Gobierno de trasladar el archivo de la Guerra Civil a Cataluña, y el día 18, de nuevo las calles de Madrid serán el escenario de una nueva manifestación, en este caso, en contra de la equiparación de las uniones entre personas homosexuales al matrimonio entre un hombre y una mujer.

 

Creo que el Presidente del Gobierno va a hacer oídos sordos al descomunal clamor que se oyó en las calles de Madrid, pidiéndole que no negocie con la banda terrorista ETA. Esa creencia la baso en dos hechos: Zapatero está convencido que puede conseguir lo que él entiende por paz y que eso le reportará unos beneficios en términos de poder que le mantendrá en la Moncloa por años.

 

El segundo hecho es que a este Presidente le va a pasar lo que les sucedió a algunos de sus antecesores: que hicieron caso omiso de lo que los ciudadanos pedían en la calle. A Felipe González le pasó con la huelga general que los sindicatos convocaron en diciembre de 1989 en contra de la política económica de su gobierno y José María Aznar hizo caso omiso de las protestas contra la intervención de España en la guerra de Irak.

 

Pero los hechos son muy tozudos. El pasado sábado, una inmensa mayoría de españoles, representados en las calles de Madrid por el millón de personas que estuvieron físicamente en la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), le dieron el primer toque serio a Zapatero desde que este llegó hace catorce meses a la Moncloa. Y se lo dieron jugando las mismas bazas que el actual Presidente del Gobierno utilizó cuando fue líder de la oposición: saliendo a la calle.

 

Zapatero, De la Vega, Rubalcaba, Blanco y toda la cohorte de asesores del Presidente se equivocarán de plano si piensan que a la manifestación del pasado sábado sólo acudieron gentes movilizadas por el PP. Si piensan eso, demostrarán que no conocen a los españoles. La cuestión del terrorismo, de cómo hacerle frente, del trato a las víctimas, es algo que los ciudadanos tienen muy a flor de piel. Han sido muchos años de sufrimiento, de dolor, cada vez que ETA asesinaba, que han provocado que los españoles tengan una especial sensibilidad hacia esos temas.

 

Por eso, hubo esa riada humana el sábado en las calles de Madrid. Porque la gente se huele que este Gobierno, este Presidente, está dispuesto, aunque diga lo contrario, a negociar con ETA; que está dispuesto a hacer concesiones políticas a los terroristas; que está dispuesto a sacar a los presos de la banda terrorista a la calle; que está dispuesto a negociar un nuevo Estatuto para el País Vasco que en el fondo sea algo muy parecido a lo que pretendía el Plan Ibarretxe; que está dispuesto  a dejar tiradas a las víctimas, a utilizarlas como moneda de cambio. En definitiva: a traicionarlas.

 

Los ciudadanos pueden pasar por muchas cosas, pero por estas que hacen referencia al terrorismo, rotundamente no.  Aquí habría que aplicar el dicho popular de que "con las cosas de comer no se juega" y Zapatero está jugando. Ya no sólo va a ser la AVT la que esté vigilante ante lo que pase. Serán, seremos, muchos españoles los que denunciaremos en todo momento y con todos los medios a nuestro alcance, las claudicaciones, las cesiones, de un Presidente de Gobierno que además de todo lo que ha hecho hasta ahora -cargarse el Pacto Antiterrorista, no aplicar la Ley de Partidos en el caso de la lista apoyada por ETA-Batasuna; mostrarse más complaciente con los que pactan con ETA en Perpigñan que con las víctimas- tuvo la desfachatez, el cinismo, de decir el mismo día de la manifestación de Madrid, que llevaba a las víctimas del terrorismo en el corazón.

 

Una acotación final: el profundo contraste en términos de dignidad e indignidad entre las actitudes dos personas con responsabilidades muy directas sobre las víctimas del terrorismo. Por un lado, brilla con luz propia la altura moral, el temple, la fibra del Presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Francisco José Alcaraz, que ha sabido hacer frente a todo un Gobierno con el poder que éste detenta y defender la causa de las víctimas. Alcaraz es, fundamentalmente, un hombre libre, y eso a la hora de la verdad, tiene muchísimas ventajas.

 

Por contraste, la indignidad del Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, Gregorio Peces Barba, que si le quedara algo de vergüenza torera, se iría a su casa inmediatamente. Su sectarismo, sus reiteradas torpezas, su falta de sensibilidad hacia la Asociación que aglutina en su seno al 80% de las víctimas, le han invalidado para seguir desarrollando la tarea para la que fue designado unilateralmente por Zapatero. Peces Barba va a terminar su vida pública sumido en un auténtico calvario, porque la opinión pública tiene muy claro que es un ariete del Presidente del Gobierno para dividir a las víctimas.

 

Lo que no contaba, ni Zapatero ni Peces Barba es que los ciudadanos son mucho más listos que todo eso y, como se demostró en Madrid, han estado, están y estarán siempre junto a los que más han sufrido la lacra del terrorismo.

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