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La vida misma

Los almuerzos de su señoría

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Cuando se llega a una cierta edad –y yo he rebasado con suficiencia el dato- ya no se presume. Sencillamente se expone, se relata, se cuenta o se hace referencia torpemente a los recuerdos.

Un artículo de...

Luis Ángel De la Viuda
Luis Ángel De la Viuda

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Así, yo no tengo el menor recuerdo del sabor de la Coca-Cola pues, tras unas pocas ocasiones de frustrante operación cata del refresco de Atlanta, decidí olvidarme de las posibles ventajas que tiene tan famosa y reconocida bebida edulcorada. No he consumido nunca Coca-Cola pero respeto, como no podría ser de otra manera, a los que la trasiegan con entusiasmo y cotidianeidad. Es más, personas de mi entorno le otorgan a la bebida refrescante muchas virtudes, sin descartar incluso las medicinales, que de una manera u otra están en su origen.

Supongo que esas condiciones estimulantes y sanadoras son las que han impulsado a Su Señoría, Ramón Espinar, a romper la promesa sindicalmente sacrosanta, de no acercarse a la Coca-Cola en solidaridad con los trabajadores excluidos de la fábrica de Madrid por la mano exterminadora de la nueva compañía embotelladora encabezada por la inquietante figura de Sol Daurella.

Era público y notorio que la fábrica embotelladora de Madrid no constituía precisamente un ejemplo de buena gestión y de productividad laboral. Me consta de personas que han ido abandonando sucesivamente la plantilla de la factoría, temiéndose lo que ahora ha sucedido, es decir, ni más ni menos, el cierre de la planta y el consiguiente desbarajuste personal para sus trabajadores.

A lo que se ve, la devoción de Espinar por la Coca-Cola le ha hecho ser desleal a sus principios de solidaridad con los compañeros afectados y se ha entregado con entusiasmo indisimulado a los gratos efluvios del jarabe incorporando al plato del día que ofrecía la cafetería de la Cámara Alta, requiriendo dos botellas para componer lo que supongo que para él era un atractivo almuerzo de trabajo en vías de recuperar las fuerzas físicas e intelectuales del agotador quehacer de los senadores españoles.

Tan eficaz resultó el impulso del reconstituyente brebaje que le ha dado fuerzas para tratar de explicar los motivos de su decisión, y sobre todo de suplicar –malamente, eso sí- disculpas y olvido de tan intranquilizadora e izquierdizante conducta. ¡¡Que tiemblen en Atlanta… y en Barcelona!! ¡¡Coca-Cola, nunca más!!

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