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Tribuna libre

Diez años sin Antonio Herrero

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Fue el “látigo” del “felipismo”, donde cada mañana los españoles nos despertábamos con un nuevo caso de corrupción, de escuchas ilegales o “guerra sucia”.

El próximo dos de mayo se cumplirán diez años de la trágica muerte –mientras que practicaba submarinismo en la costa de Marbella- del periodista Antonio Herrero Lima. Y aunque haya voces más autorizadas que quien esto escribe, -porque le conocieron más de cerca e incluso trabajaron con él, como es el caso del editor de este Confidencial, José Apezarena- este aniversario constituye una buena ocasión para recordar a un auténtico periodista de raza.

Se podría decir que “de casta le viene el galgo”, porque Antonio tuvo un gran maestro: su padre Antonio Herrero Losada, gran persona y mejor periodista, que durante muchos años dirigió con acierto y maestría la Agencia de noticias Europa Press. Antonio (hijo) pudo ver y sentir desde muy pequeño como su padre luchaba por un periodismo independiente, veraz, honrado, en una España que se encontraba en los últimos estores del franquismo y donde la libertad de expresión era un bien escaso.

Antonio Herrero fue un auténtico ciclón en el periodismo radiofónico, primero en Antena 3 Radio y posteriormente en la cadena COPE donde cada mañana dirigía y presentaba un informativo lleno de fuerza, de vigor, de independencia, de periodismo bien hecho. Antonio tenía una personalidad muy marcada y eso se transmitía a través de las ondas. Rompió algunos moldes que todavía entonces nadie se había atrevido a traspasar en un informativo-magazín de radio. Pero por encima de todo, lo que destacaba en Antonio era su rabiosa independencia del poder político, su olfato por la noticia y su afán por dar en su programa, cuantas más exclusivas, mejor, que es algo a lo que todo buen periodista debe de aspirar.

De su independencia del poder político baste decir que Antonio, junto a otros destacados periodistas como Pedro J. Ramírez, Melchor Miralles, José Luís Gutiérrez, fue el “látigo” de los últimos años del “felipismo”, donde cada mañana los españoles nos despertábamos con un nuevo caso de corrupción, de escuchas ilegales o de “guerra sucia”. Pero la llegada de Aznar al poder en mayo de 1996 no le hizo cambiar ni un ápice su norte: la independencia y la crítica a quien detenta el poder, por encima de todo. Antonio no dudó en criticar algunas de las primeras decisiones tomadas por el nuevo Presidente del Gobierno, como la no desclasificación de unos papeles del CESID, lo que le acarreó una mala relación con Aznar.

De su olfato por la noticia, puedo contar algo que lo corrobora y de lo que fui protagonista. La madrugada del 1 de julio de 1997, la Guardia Civil consiguió liberar en una brillantísima operación al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara que había permanecido secuestrado por ETA la friolera de 532 días en un agujero inmundo fabricado en una nave industrial ubicada a las afueras de Mondragón. Entonces, quien esto escribe era el Director de Comunicación del Ministerio del Interior y tras visitar ese mismo día, junto al Ministro y al Secretario de Estado de Seguridad, el sitio donde había estado secuestrado Ortega Lara, se decidió que el mundo entero debería ver el “zulo” para así poder comprobar y confirmar la inhumanidad de la que son capaces los terroristas.

Tras conseguir el correspondiente permiso judicial, durante cuatro horas, periodistas de todos los medios de comunicación pudieron visitar, filmar, fotografiar el “agujero”. Debido a la falta de espacio, hubo que organizar la visita en grupos. A Antonio Herrero, como presentador de un programa de radio, le tocaba en el segundo turno, de 11 a 12 de la mañana. Cuando le llamé para invitarle y proponerle la visita, aceptó inmediatamente y únicamente me pidió si podía ir en el primer turno, de 10 a 11 de la mañana, argumentando que se encontraba con sus hijos de vacaciones en Vitoria, y que de esa manera le quedaba más tiempo, sin tener que cortar tanto la mañana.

Acepté y, efectivamente, Antonio Herrero vino en el primer turno, junto a redactores de periódicos y desde dentro del “zulo” hizo una conexión vía teléfono móvil con su programa de la COPE, realizando una descripción de lo que estaba viendo y viviendo, sencillamente antológica, Posteriormente caí en la cuenta que, seguramente existiría esa razón de estar más tiempo con sus hijos sin cortar la mañana, pero lo que también hubo fue ese afán legítimo del buen periodista que quería ser el primero en contar en su programa, antes que sus competidores directos, lo que era sin duda un acontecimiento informativo de primer orden. Así era Antonio Herrero, Seguro que ahora descansa en paz arriba en el cielo con los suyos.