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Tribuna libre

El ataúd de la música

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Las discográficas llevan tiempo inventando éxitos de venta inexistentes, como parte de sus campañas promocionales. Es un fraude legal pero inmoral.

Publica Lino Portela en el diario El País un breve reportaje sobre las cifras de ventas de discos. Según esta información, las discográficas hacen “trampa” para maquillar el espectacular descenso de ventas. En el artículo se matiza que cuando las compañías anuncian “a bombo y platillo” que un artista ha vendido 40.000 copias -Disco de Oro- no es del todo cierto, ya que en realidad esas copias “no están todavía en casa de la gente” sino que simplemente han sido distribuidas a las tiendas de discos. Es imposible saber si se venderán o no en el futuro. Las cifras reales, las que Promusicae encarga a Media Control GFK, no se hacen públicas. A alguien se le ha ocurrido que tapar la basura evita los malos olores. Sí, durante un tiempo.

El asunto, aunque es grave, no es nuevo. El pasado mes de julio de 2007, El Confidencial Musical publicó un reportaje llamado “El fraude legal de los discos más vendidos: algunas discográficas inflan artificialmente las cifras de ventas de sus principales artistas”. En él se explica con detalle en qué consiste este “fraude legal” –porque no es ilegal, aunque sí inmoral- que permite a las compañías inventarse éxitos inexistentes, como parte de sus campañas promocionales. Lo cierto es que era cuestión de tiempo que la industria de la música española saltara por los aires, pero el “canon digital” ha acelerado el proceso, haciendo el mismo efecto que una manguera de gasolina dirigida al foco del incendio. Se suele responder con injusticia a las medidas injustas. Y la gente ya lo está haciendo. No pocos lo advertimos hace tiempo, cuando el canon era sólo un proyecto de monstruito que balbucía alegremente en la tripa del líder de Los Canarios. “Pío, pío, pío, ese disco es mío”, decía el angelito.

Por otra parte, ayer conocíamos una importante noticia del mundo del espectáculo: el grupo PRISA se ha hecho con el 70% de RLM, la principal agencia española de representación de artistas. PRISA sigue expandiéndose en el mercado musical, a su manera: controlando el negocio de principio a fin, con tenderetes de helados en cada duna de la playa. Así, en la lista de negocios musicales contenidos en el grupo empresarial de Juan Luis Cebrián, a las revistas Rolling Stone, Revista 40, a las radios Los 40 Principales, Cadena Dial, M-80 Radio, Máxima FM y Radiolé, a las discográficas Nova y Lirics and Music, a los portales Los40.com, 40tv.com, ep3.es, rollingstone.es, 40tv.com, m80radio.com, cadenadial.com, maxima.fm, a las televisiones 40 Latino y 40 TV, y a la Gran Vía Musical –cito de memoria-, se suma ahora esta importante agencia de artistas. Un movimiento estratégico que confirma que el negocio del futuro –y del presente- está en la música en directo. Porque PRISA no suele fallar en estas operaciones.

Volviendo a la crisis y a ese acelerador de la misma que es el canon, estos días he empezado a escuchar que “o se está a favor del canon, o se está contra la música”. Sólo faltaba que en esto también nos obligaran a trazar una línea en el suelo y a que todos nos echemos a un lado o a otro. Por ahí no paso. La música está muy bien, los discos son muy bonitos y los artistas tienen derecho a cobrar por su trabajo. Sí. Pero eso no es óbice para que el “canon digital” sea una medida injusta cuyos efectos están siendo devastadores para la música española.

Algunos siguen embriagándose en las celebraciones de la aprobación del impuesto musical del “por si acaso”. La resaca va a ser de órdago. Pronto se descubrirá que ya se ha producido la defunción de la industria musical. Las cifras no podrán ocultarse eternamente. Y, entonces, el canon será el ataúd en el que veremos pasar a la música española en su último viaje. Y el enterrador será el silencio cómplice y preelectoral de todos esos artistas que saben que el canon ha pasado de ser la solución a ser el problema. A los que llevamos años trabajando a diario por defender la música española se nos queda cara de idiotas al ver pasar al muerto, tan joven y tan en forma. A la viuda, mientras, lo único que le indigna es que alguien nos haya dado vela en este entierro.