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Tribuna libre

Por la boca… Carmena y los malos entendidos

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Carmena, que siempre está reculando, nunca da marcha atrás. Todo lo que ocurre en el gobierno del Ayuntamiento de Madrid son malos entendidos.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Cuentan los castizos que en épocas pasadas, cuando la higiene no estaba tan en boga como hoy, a un caballero -en la peluquería en la que se adecentaba la cabellera- le informó el peluquero que había encontrado un piojo entre sus melenas. El cliente, sin darle mayor importancia, sentenció: ‘será una casualidad’. El peluquero respondió rápido y no sin cierta sorna: ‘pues tiene usted la cabeza llena de casualidades’.

Carmena tiene su gestión llena de malos entendidos. Mientras pone la marcha atrás y recula de alguna de sus ocurrencias-maldades la alcaldesa, con esa cara de pocos amigos que se gasta, siempre aduce lo mismo: ‘se trata de un mal entendido’.

Lo mismo da que sea la frustración del proyecto del norte de Madrid, que los universitarios recogiendo colillas, las mamás limpiando colegios, la Gran Vía sin coches o el más reciente del reglamento de los plenos.

Como la cabra siempre tira al monte, el equipo de Carmena trataba de que la oposición permaneciera más o menos maniatada en los plenos del Ayuntamiento. Cuando todo el mundo ha puesto el grito en el cielo, Manuela Carmena sale con aquello de los malos entendidos.

Unas veces es la prensa la que no se ha enterado bien, otras es la oposición que se precipita o los madrileños que no se enteran. En cualquier caso la única que ha entendido bien es ella.

Se reúne con Cristóbal Montoro, hocica, y dice que hay que hacer otro plan económico. A la mañana siguiente, entre dulce y dulce para el desayuno, la alcaldesa se saca de la faltriquera un mal entendido y dice que, naturalmente, su plan sigue adelante. Los periodistas habían entendido mal.

Ni las colillas, ni los ceniceros ambulantes, ni el trabajo para los universitarios, ni la limpieza de las madres, ni el reglamento de los plenos ni las bicicletas para circular por las cuestas de Madrid, ni tan siquiera Montoro, son más que malos entendidos.

Hay que deducir que en el Ayuntamiento de Madrid, los que ahora mandan, entienden mal y entienden poco. Vamos que la cabeza les funciona regular a no ser que les sirva para albergar ‘casualidades’.

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