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Tribuna libre

Por la boca… Paciencia y barajar

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Para los españoles la gestión del Gobierno de Mariano Rajoy no es cuestión de paciencia. Empieza a ser un problema de fe y de esperanza.

Cervantes, a quienes algunos denominaron ‘tahúr del lenguaje’, utiliza la frase ‘paciencia y barajar’ en El Quijote y en varias de sus obras.

Algo así nos ha dicho Mariano Rajoy a los españoles. Nos pide paciencia, nos dice que el Gobierno sabe lo que hace y que las cosas no se hacen de un día para otro.

No lleva razón Pérez Rubalcaba cuando mira para otro lado ante la herencia que dejó el Gobierno de Rodríguez Zapatero, del que él formaba parte, pero tampoco la lleva Mariano Rajoy cuando sigue escudándose en la matraca de la herencia recibida. La diferencia entre uno y otro es que Rubalcaba ya es el pasado –y a juzgar por los movimientos internos en el Partido Socialista, muy pasado- y Mariano Rajoy es el presente.

Pide paciencia Mariano Rajoy. Pero, además, tendría que pedir esperanza y sobre todo mucha fe. No se entiende muy bien por qué los españoles tenemos que creer lo que dice un gobernante que, no hace tanto, se retrataba en las colas del paro, afirmando que cuando él gobernara el paro se acababa. No se entiende muy bien por qué los españoles tenemos que tener paciencia ante la toma de decisiones de un Gobierno que vive al dictado de un país extranjero por mucho que ese país sea la locomotora de Europa o a las órdenes de unos burócratas a los que es difícil ponerles cara, aunque tenerla la tienen.

Al final lo de menos es la paciencia, importarán la esperanza y la fe. Porque hay que tener mucha fe para admitir eso de que ‘el Gobierno sabe lo que hace’ y eso otro de que ‘estamos en el buen camino’. Porque el problema, entre otras cosas, es que nadie sabe –o al menos esa sensación da- cuál es el camino.

Puede que Mariano Rajoy, a juzgar por sus declaraciones, piense que con decir la verdad –o la media verdad- ya está todo arreglado. Una cosa es admitir que hay una enfermedad, otra muy distinta es diagnosticarla bien y mucho más difícil aplicar el tratamiento adecuado. Hasta ahora la única diferencia entre Mariano Rajoy y José Luís Rodríguez Zapatero es que el anterior presidente del Gobierno ni siquiera admitía la existencia de los problemas. Rajoy afirma paladinamente que hay problemas pero la paciencia y la fe en sus actuaciones no basta para solucionarlos.

Se resiste el presidente del Gobierno a cambiar su equipo y lo hace con un razonamiento de entrenador de segunda a punto de bajar a tercera. Está contento con sus ministros, por su ‘sacrificio, pundonor, coraje y esfuerzo’. Menos mal que no nos ha dicho que el vestuario es una piña, porque eso no se lo cree nadie ni siquiera con fe, a la vista, sin ir más lejos, de la comparecencia el pasado viernes de Soraya Sáenz de Santamaría, Cristóbal Montoro y Luis de Guindos cuya actuación era lo más parecido al ‘club de la comedia’, solo que con menos gracia y sin risas de fondo.

“Somos
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