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Tribuna libre

Por la boca… Política, nervios e inseguridades

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Hay nervios, pero ni las encuestas ni la corrupción son las únicas causantes de ese estado. La situación viene de atrás y de lodos anteriores.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Si los nervios no son buenos para casi nada, para hacer y estar en la política, mucho menos. Lo que hoy sobra en la política española y en nuestros políticos son nervios e inseguridades. Y si se profundiza un poco, se llega a la conclusión de que nos son las encuestas ni la corrupción las únicas causantes de esa ansiedad. Hay muchos barros de antes que traen estos lodos

Nervioso e inseguro está el Gobierno. Nervioso e inseguro Mariano Rajoy y nerviosos e inseguros todos y cada uno de los ministros. Un Gobierno y un presidente enfrascados en los asuntos económicos y sin apenas hacer política ‘de la otra’.

Otro tanto se puede decir del Partido Socialista.  En Ferraz, voces de antes y de ahora, ya hablan, sin recato, del desacierto de Pedro Sánchez en estos cien días desde su elección como secretario general. Las dudas sobre el acierto en su designación, cunden por los pasillos de la sede madrileña de los socialistas y son muchos los que vuelven la cara camino de Despeñaperros,  igual que en Génova las miradas se dirigen hacia el despacho  vicepresidencial.

Nervios en Izquierda Unida y en UPyD. Los unos  por su propia situación interna y los otros, esperando un segundo tiempo que piensan favorable.

Y Podemos…No se sabe si asustados por su propio éxito y desazonados ante el halagüeño futuro que les dan las encuestas, no quieren saber nada de las elecciones menores y se reservan para las generales, mientras ponen el grito en el cielo cuando alguien les habla de liderazgo.

Hablan fuerte y alto Mariano Rajoy y Pedro Sánchez pero a los dos les salen gallos y sus gritos suenan a que están poco convencidos  y  tampoco sabemos si esos gallos son causados por las encuestas, pero los espectáculos que ambos nos proporcionan cada vez que se enfrentan en el Congreso, causarían sonrojo a muchos sino fuera porque la situación no es nada boyante.

Y se habla del fin del sistema o de la necesaria regeneración de los partidos ante el visible fin del bipartidismo. Pero ocurre que si los partidos se regeneran en la línea que se insinúa, estarán en trance de disolución y que si la regeneración del sistema tiene que venir por el lado de Soraya Sáenz de Santamaría o de Susana Díaz, será una regeneración, más o menos novedosa pero muy poco convincente.

Por el otro lado, la regeneración de Podemos es más novedosa –marxismo aparte- y menos creíble. Si la regeneración de nuestra política tiene que pasar por ideologías trasnochadas y fracasadas o por el modelo venezolano, sería plenamente justificable el estado de nervios e inseguridades.

Hay que reconocer que las encuestas son muy traicioneras y que lo que apuntan algunas, es como para poner de los nervios a cualquiera, pero también es verdad que los nervios vienen de antes y por otras muchas razones y que si esas razones no hubieran estado ahí, latentes, las encuestas hubieran hecho mucho menos efecto a unos y a otros.

“Somos
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