Jueves 24/07/2014. Actualizado 16:31h

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Tribuna libre

Por la boca… Remar a contracorriente

A los mercados, a los que califican nuestra deuda y mucho menos a los que juzgan la situación de nuestros bancos, no parece impresionarles la aventura marinera de Rajoy.

Al ver la foto de Rajoy en el barco con Angela Merkel, la vista se desparrama en busca del monumento a Alfonso XII en el Retiro madrileño. Al presidente del Gobierno solo le faltó empuñar los remos y bogar.

El presidente en mangas de camisa y descorbatado y la Merkel más o menos endomingada eran la viva imagen de las parejas que ‘navegan’ su amor en el famoso estanque. Una foto que ha causado viva impresión en los políticos del Partido Popular, encantados con la popularidad –valga la redundancia- de su jefe de filas entre los que mandan y que ya anuncian a bombo y platillo la visita al Despacho Oval. Pues qué contentos tenemos que estar.

A los que no parece impresionar lo más mínimo la aventura marinera es a los mercados, a los que califican nuestra deuda y, mucho menos, a los que juzgan la situación de nuestros bancos, incluido Hollande, que no se sabe muy bien si en su calidad de defensor de La France, de vecino cariñoso o de socialista comprometido con sus conmilitones de este lado de los Pirineos, está fastidiando todo lo que puede y dice que a nuestras entidades financieras hay que rescatarlas.

Lo del viaje y la ilusión por las fotos con los mandones no deja de ser un poco cutre y paleto. Que nos haga babear el que el italiano Mario Monti nos invite, a última hora, nada más y nada menos que a la ‘cumbre sobre crecimiento económico’ que ha organizado en Roma, ya es todo un síntoma de cómo vamos buscando las fotos.

Posiblemente esa sea nuestra política. No parece que estemos muy firmes y que las cosas nos vayan demasiado bien en los mercados y, en esas situaciones, todo lo que suene a confianza, aunque sea una palmada en la espalda, será bien venido. Y puede ocurrir que, a más de uno, le haya extrañado la ausencia de Rajoy en las fotos y los abrazos –que parecía que la tanda de penaltis la habían tirado ellos- de los políticos tras la final de Munich.

O sea, lo mismo que ocurría con el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que perdía el trasero por una sonrisa y no digamos nada por una caída de ojos de la Merkel.

La única diferencia a favor de Rajoy para los viajes en barco es que, dada su condición de gallego, huele más a mar que su antecesor de tierras castellanas.

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