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Por la boca… En campaña

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La precampaña, o como se quiera decir, no puede ser más pobre de ideas y de propuestas a los electores. Es de esperar que cuando se acerquen los comicios la cosa remonte y adquiera un mínimo de solvencia en unos y en otros.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Aunque no sea de forma oficial es evidente que estamos en plena campaña para todas las elecciones que se nos avecinan. En esta política nuestra de declaraciones y de discursos, este tipo de campañas y los políticos que las impulsan, se sienten como pez en el agua y así nos va sobre todo los fines de semana en los que, entre congresos, convenciones, reuniones, asambleas y manifestaciones, no damos abasto.

Novedades pocas porque, lógicamente, cada uno sigue yendo a lo suyo y lo suyo apenas cambia.

El Partido Popular sigue en su línea inamovible de pregonar los logros económicos del Gobierno y de ahí no sale día tras día. Se aprendieron aquello de que comunicaban mal lo que habían hecho bien y todo se les vuelve en airear los asuntos económicos y, como consecuencia, se afanan en resaltar lo mal que lo dejaron los socialistas y lo terrible que para la economía serían los de Podemos. De asuntos políticos que interesan a los españoles, poquito. Si acaso, la novedad esté en que ahora pasean más a Mariano Rajoy. De ahí no pasan porque también el presidente del Gobierno se dedica a la economía.

Los socialistas –que bastante tienen con lo que tienen- lo basan todo, ahora, en la equidistancia. Se supone que, en busca del centro perdido, Pedro Sánchez se afana por quedarse en medio de populares y ‘podemistas’ tachando a unos de inmovilistas y recortadores de conquistas sociales y a otros de arribistas, populistas y de poco fiar como representantes de no se sabe qué izquierda.

Y Podemos.  Podemos es la esperanza. Pero no es la esperanza porque quepa esperar nada de ellos –que ya lo tienen bien demostrado- sino porque estamos esperando que digan algo, esperando que propongan algo y esperando que ofrezcan alguna iniciativa medianamente coherente. Todo se resume en acusar a todos y por todo y ahora pedir elecciones simplemente porque sí. Esa nada, ese vacío, que antes no se justificaba, ahora puede estarlo por la necesidad de tapar sus finanzas y sus sueldos, su procedencia y sus ‘birlibirloques’ fiscales. Y eso lleva tiempo.

La llamada precampaña, es pobre y vacía. No hay nada que pueda atraer a los electores fuera de lo de siempre y se hace necesario un esfuerzo por salirse de la rutina y remontar el vuelo.

Es de desear y, desde luego, de esperar que, cuando haya candidatos, los tiempos se acorten y se impriman los programas, los políticos y sus partidos, nos ofrezcan y encontremos algo más que acusaciones, economía, equidistancias y apuros para justificar cuentas corrientes.

“Somos
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