Lunes 22/12/2014. Actualizado 14:36h

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Tribuna libre

Por la boca… Había una vez un circo

Iñaki Urdangarín habrá cometido -o no- los hechos que se le imputan, pero de ahí al circo que se está montando va un abismo.

Antes era un programa infantil que emitía Televisión Española. Ahora es para todos los públicos –que sean capaces de tragarlo- y se puede ver a la puerta de cualquier juzgado y, por supuesto, se emite por casi todas las televisiones.

Puede ser el juicio de Isabel Pantoja, el de un político ‘pillado’ o el de Iñaki Urdangarín. En cualquier caso los juicios de famosos en España son un auténtico circo.

Y el circo empieza dentro de los mismos juzgados en los que eso del ‘secreto del sumario’ debe de sonar a música celestial a juzgar por las filtraciones que se convierten en auténticas inundaciones de información, de tal forma que antes de la instrucción todos sabemos más que el juez instructor, hemos leído más papeles que él y, por supuesto, ya tenemos formada nuestra opinión.

Iñaki Urdangarín es un ciudadano más y como tal tiene que ser juzgado. Iñaki Urdangarín habrá cometido o no los hechos que se le imputan pero de ahí al circo que se está montando en Palma de Mallorca va un abismo.

Dentro del juzgado, por lo que nos cuentan, los comentarios del juez instructor son de aurora boreal. El tiempo de duración del interrogatorio es inaudito y que de lo que ocurre allí dentro estemos enterados por defensores, fiscales, letrados, y hasta por las vecinas de los balcones de enfrente, es intolerable.

El festival de banderas republicanas, de insultos a la Monarquía, de personas que confiesan paladinamente que ‘llevan desde las cinco de la mañana’ guardando el sitio, no dice nada bueno ni de los ciudadanos, ni de la justicia, ni de los encargados de la seguridad de los juzgados.

Que la noticia del fin de semana hayan sido las apuestas en torno a la posibilidad de que Urdangarín llegase a pie o en coche hasta el juzgado, tampoco aboga por el buen hacer de los responsables.

Lo que está pasando con el yerno del Rey es lo suficientemente serio para el país, grave para la Monarquía y trascendente para la buena marcha de nuestras instituciones, como para que nadie se lo tome a broma, disuelva el circo y haga desaparecer a los payasos de dentro y de fuera.

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