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Tribuna libre

Se busca delfín de Zapatero

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A un año y medio de las elecciones generales, Zapatero sigue sin aclarar si encabezará las listas del PSOE. Pero hoy la pregunta es si tendrá libertad de decidirlo, o más bien se lo impondrán otros. Y, mientras, la lista de hipotéticos ‘sucesores’ aumenta.

La última entrevista que le han hecho, la semana pasada, tampoco ha servido para resolver la incógnita. Lo que permite concluir que, si continúa sin descubrir si va a ser o no candidato, es porque no tiene claro que lo vaya a ser; o incluso porque tiene claro que no lo será. Si lo hubiera decidido de forma positiva y eso estuviera en su mano, ya lo habría desvelado, para así frenar incógnitas y especulaciones que no le benefician a él, pero tampoco a su partido.

José Luis Rodríguez Zapatero se ha convertido en un problema interno. Las encuestas reflejan una profunda caída en la valoración de los ciudadanos, que lo ven como el culpable de la crisis. Y dentro de su propio partido se le percibe como un peso muerto, que no solamente no aporta votos, sino que hunde hacia abajo las expectativas electorales del PSOE en ayuntamiento y autonomías.

Lo último es que, además, se ha convertido también en una rémora para España y su maltrecha economía. Los analistas internacionales, los mercados, le identifican como un gobernante irresoluto, sobrepasado, incapaz de gestionar la crisis, indeciso a la hora de adoptar medidas y de aplicarlas. Un dirigente que lastra la credibilidad del país. Por eso los mercados le dan por amortizado.

Hay tiempo

¿Hay tiempo, de aquí a mayo de 2012, para fabricar otro candidato de repuesto, que lidere las huestes socialistas? Haberlo, lo hay. Sobre todo si el ungido acumula ya, de entrada, una cierta proyección pública; es decir, si se busca a alguien suficientemente conocido por la opinión.

Y ahí vuelve a aparecer Alfredo Pérez Rubalcaba. Dada su trayectoria y personalidad, no parece creíble que haya dado el paso al frente de ser nombrado ‘número dos’ del Gobierno, con el evidente riesgo de resultar abrasado y en una situación a la baja, sólo por los buenos sentimientos de arropar a un zarandeado Zapatero.

Si Rubalcaba se ha aposentado en La Moncloa, es porque espera algo, porque va a obtener ventaja con ese movimiento. Y no hay que olvidar que las encuestas le suelen otorgar una aceptable valoración popular, que tiene agarraderas en el partido, y, por supuesto, que acumula una larga experiencia de gestión, además de haberse acreditado como negociador y como parlamentario. Sin hablar de otros apoyos menos divulgables.

Por si fuera poco, en lo personal se siente ahora mucho más libre, tras superar una etapa de difíciles asuntos familiares que atender. Eso ha pasado, y ahora dispone de tiempo y, por lo visto, ganas.

Javier Solana, un outsider

Todavía se repara poco en él, pero se encuentra por aquí, más bien desocupado, un personaje de trayectoria bastante exitosa, dentro, pero sobre todo fuera de España.

Me refiero a Javier Solana, que parece descolocado, que repetidas veces se negó a ser candidato a la alcaldía de Madrid, y que, en cambio, sí podría estar interesado en convertirse en presidente del Gobierno si ello estuviera a su alcance.

Si el partido socialista inicia una reflexión sobre el relevo de Zapatero, Javier Solana puede convertirse en una opción atractiva.

La apuesta de Joaquín Almunia parece menos viable en estos momentos.

De Blanco a Chacón

José Blanco, al que se auguraba una proyección imparable tras su exitoso y espectacular aterrizaje en Fomento, ha ido perdiendo gas. El drástico recorte de la inversión en infraestructuras le ha dejado poco menos que en paro, quedó maltrecho tras la derrota de Trinidad Jiménez en las primarias de Madrid, y en la última crisis pergeñada por Zapatero no ganó posiciones e incluso perdió alguna de las apuestas.

Además, quienes le conocen dicen que no entra en su cabeza la opción de convertirse en candidato a la presidencia del Gobierno. Afirman que conoce bien sus limitaciones.

Y en cuanto a Carme Chacón, objeto de una operación de diseño político por parte de Zapatero destinada a ubicarla como opción de futuro, ella mantiene su apuesta ‘española’, tras haber protagonizado un discreto desmarque respecto a los compañeros socialistas catalanes. Como dato, en la campaña autonómica ha escogido un perfil llamativamente plano.

Sin embargo, una salida poco airosa, un descabalgamiento más o menos violento de su mentor, de su protector, Zapatero, la dejarían muy debilitada.

González, reina madre

Y, en este panorama, la irrupción de Felipe González resulta significativa. Es evidente que ha cambiado de actitud y que busca protagonismo. Basta verle en la campaña catalana, y en ese mitin final en el que estaban: Zapatero, Montilla, Carmen Chacón… y Felipe González.

El cambio de táctica tiene un porqué. Posiblemente no aspire a ser otra vez presidente del Gobierno, pero lo que parece seguro es que quiere estar presente cuando el partido dilucide quién va a ser el recambio de Zapatero.

Todo parece indicar que González se ha propuesto actuar como ‘reina madre’ y tutelar la operación relevo. La incógnita es si ya tiene ‘su’ candidato/a.

Cataluña: la abstención es la clave

Este domingo se vota en Cataluña. Concluyen los analistas que una clave decisiva va a ser la participación. Si acuden pocos ciudadanos a las urnas, eso beneficiará electoralmente a los partidos pequeños, en perjuicio de las grandes formaciones.

Una abstención elevada favorece a los pequeños (los Laporta y compañía) porque se les adjudican los restos, en detrimento de los grandes partidos. Y eso puede marcar decisivamente el resultado de los comicios.

Estamos ante unas elecciones que, es inevitable, habrá que analizar también en clave nacional. No cabe olvidar que, en 2008, fue en Cataluña donde Zapatero se despegó definitivamente del Partido Popular. Y eso podría estar empezando a cambiar.

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