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Tribuna libre

La canción más bonita del mundo

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Hay canciones que se nos quedan grabadas. Como destellos de ilusiones, desvelan nuestro letargo sentimental del invierno y emergen en la tarde más tonta, en la menos esperada.. Nos traen caras conocidas, lugares idílicos, veranos cargados de brillo y vida, buenos momentos, grandes risas, amistades fugaces... Nos devuelven, en fin, a lo que un día y durante un tiempo fuimos y hoy, quizá, ya no somos.

Hay canciones que se nos quedan grabadas. Como destellos de ilusiones, desvelan nuestro letargo sentimental del invierno y emergen en la tarde más tonta, en la menos esperada.. Nos traen caras conocidas, lugares idílicos, veranos cargados de brillo y vida, buenos momentos, grandes risas, amistades fugaces... Nos devuelven, en fin, a lo que un día y durante un tiempo fuimos y hoy, quizá, ya no somos.

Muchas de esas canciones, se mezclan entre las luces y olores del verano. Tiempo preciso para archivar buenos recuerdos. Y volvemos, otro año más, al mismo lugar y en el mismo mes y parece que siguen sonando esas mismas melodías en cada esquina que dejamos atrás. Y con ellas brotan nuestros recuerdos y vivencias. Nuestros secretos mejor guardados.

No lo saben, ni lo sabrán. Los autores de esas canciones se pierden miles de historias nacidas de sus versos o de sus acordes. Quizás nunca lleguen a conocerlas. Quizás, nuestra propia interpretación de la canción esté a años luz de la historia real que su autor un día quiso contarnos. Y se perderá grandes historias de amor, golpes de amistad duradera, ociosos momentos de risas y esparcimiento y tantas otras cosas. En parte, ahí reside la grandeza del arte. El artista crea una masa que después moldeamos al ritmo de nuestras vidas, de cada historia personal.

Cuento todo esto al hilo de la encuesta sobre gustos musicales realizada por el canal europeo de televisión Music Choice. Según este sondeo, para los españoles, la mejor canción de la historia es ‘Yesterday’ de The Beatles. En el ranking de la encuesta le siguen: ‘Imagine’ de John Lennon, ‘With or without you’ de U2, ‘Losing my religion’ de REM, ‘Stairway to heaven’ de Led Zeppelin, ‘One’ de U2 y ‘Nothing else matters’ de Metallica.

Hasta el momento, se trata de una colección frecuente de clásicos del pop y el rock extranjeros. Aunque el puesto número 8 de este ranking resulta, por lo menos, sorprendente: David Bisbal y su ‘Bulería’. No, no es una broma de mal gusto. El noveno puesto se lo lleva Alejandro Sanz con ‘Corazón Partío’ y en el décimo puesto regresamos a The Beatles con ‘Let it be’.

Lo pasmoso es que en España, según se desprende del estudio de Music Choice, la mejor canción en castellano es ‘Bulería’ de Bisbal. Y el estilo que más gusta es el pop comercial mientras que en el resto de Europa el preferido es el rock clásico de los años 70.

¿Como podemos ser tan cutres, tan horteras y tan incultos? Por no merecer, no merecemos ni nuestra propia historia musical. No nos merecemos a Juan Pardo, ni a José Luis Perales, ni a Enrique Urquijo, ni a Antonio Vega, ni a Pepe Risi, ni a Carlos Cano, ni a Dyango, ni a Serrat, ni a Luz Casal. Ni a Sabina nos merecemos. Nada. Cuarenta años brillantes de historia del pop y rock español pulverizados, en un estudio cualquiera, por el Bulería de David Bisbal. Que además es un tostón de canción, con menos letra que el himno de España. Ni la ‘Chica de ayer’, ni ‘Anduriña’, ni el ‘Cadillac Solitario’. Seremos necios.

A pesar de todo, no es difícil encontrar nuestro consuelo. Como decía al principio la buena música se graba en nosotros al ritmo de los sentimientos que rodean nuestras vidas. Por eso la mejor canción del mundo no existe. Este estudio de Music Choice es una pérdida de tiempo. La mejor canción de la historia siempre reside en nuestro interior, aferrada a unos recuerdos y a unos momentos concretos. Tanto que, gracias a la melodía y la letra de esa canción, casi podemos palparlos.

Por suerte, la canción más bonita del mundo, está en tu corazón. Y en el mío. Y no hay estudio que valga. Lo lamento por Bisbal y por Lennon. Y nunca creí que fuese a escribir estos dos nombres juntos en la misma frase.