Viernes 09/12/2016. Actualizado 20:22h

  • this image alt

elconfidencialdigital.com elconfidencialdigital.com

La web de las personas informadas que desean estar más informadas

·Publicidad·

Tribuna libre

La carta de la ONU ¿no cuenta para la UE?

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Existe la impresión de que somos testigos del hundimiento del viejo orden mundial. ¿Qué quieren de Rusia: que respalde separatistas en sus fronteras o que salga de la ONU?

Al parecer, las cosas van de mal en peor. El derecho internacional, que nunca se distinguió por tener una salud espléndida, vuelve a entrar en agonía. Y eso pese a su reciente reanimación, después de que Washington violara la Carta de la ONU enfrascándose en su aventura iraquí.

Esta vez el derecho internacional se ha intoxicado con Kosovo; mejor dicho, la intoxicación se produjo hace mucho, pues ahora, a juzgar por todo, el estado del enfermo es crítico. Según declaró Cristina Gallach, portavoz de Javier Solana, Alto Comisario de la UE en el ámbito de la política exterior: “Si Rusia sigue insistiendo en su ‘no’ a la independencia de Kosovo, la UE se verá obligada a asumir la solución de ese problema con apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU”. La señora Gallach hizo esa sensacional declaración en entrevista concedida al diario serbio Vecerne Novosti.

Puesto que nadie puede anular el derecho de veto que Moscú tiene, conforme a la Carta de la ONU, y la postura de Rusia —lo mismo que la de Belgrado— respecto al problema kosovar es harto conocida, semejantes declaraciones sólo pueden significar que la UE tiene la firme intención de ignorar el veto ruso.

No se sabe hasta qué punto lo dicho por la señora Gallach corresponde al criterio de Javier Solana y de la Unión Europea en su conjunto, pero si la portavoz expresa adecuadamente la opinión de los europolíticos, se confirmará que lo que está fuera de lugar es la europolítica.

Sería demasiado trivial divagar sobre el futuro de la ONU si cualquiera pudiera quebrantar impunemente su Carta que, al igual que el principio de inviolabilidad de las fronteras, fue aprobada por la comunidad internacional como axioma tras la Segunda Guerra Mundial.

Naturalmente, la suerte de Serbia importa poco a la Unión Europea. Según Bruselas, la culpabilidad de los serbios consiste en haber consentido que Milosevic se hiciera con el poder, y deberán expiar su culpa hasta el juicio final. Si en su tiempo se hubiera aplicado ese mismo rasero a los alemanes, ¿qué habría sido de Alemania?

Al parecer, también carece de sentido rememorar todos los “puntos calientes” existentes en el mapa europeo similares por sus parámetros a Kosovo. Este argumento no afecta a los partidarios de la independencia de Kosovo que piensan en serio que la política de dobles estándares es la única certera. Kosovo es Kosovo, pero cuando se trata de Abjasia, Osetia del Sur o Transnistria resulta que son harina de otro costal. ¿Acaso los pobladores de estas regiones son inferiores a los kosovares? A los europolíticos eso les importa un bledo. Lo que les importa es la situación geográfica de Kosovo, que linda con Europa Occidental y, por consiguiente, los albaneses tienen derecho a la independencia; mientras que Abjasia, Osetia del Sur y Transnistria son adyacentes a Rusia y, en vista de ello, no tienen derecho a la independencia. Tal es la lógica.

¿Cuántos refugiados engendró la demencial política de Milosevic, la matanza de albaneses por serbios y luego de serbios por albaneses? Según cómputos aproximados, 200.000. Se puede calcular el número de desplazados que provocará esta vez la insensata política de los euroburócratas. Actualmente, en Kosovo viven 180.000 no albaneses. Todos son o víctimas o refugiados en potencia. ¿Quién será capaz de garantizar la seguridad en un Kosovo independiente, si ya ahora esta comarca —como saben perfectamente los expertos— se ha convertido en “zona gris” de bandolerismo y narcotráfico a escala europea?

Si hasta la fecha la UE no ha podido acabar con el narcotráfico en Kosovo, ¿quién podrá garantizar en esa “zona gris” la seguridad de mujeres y niños que no son albaneses ni musulmanes? ¿O todo el mundo ha olvidado la cobardía demostrada de los pacificadores holandeses, quienes, habiendo sido culpables de los crímenes perpetrados en su presencia, no sufrieron castigo alguno?

¿Y quién entre los europeos ha reflexionado en serio sobre el problema de la “identidad kosovar”, entiéndase el sueño de los extremistas albaneses de unificar en torno a Kosovo otras tierras europeas habitadas mayormente por albaneses?

Entretanto, el problema se extiende y amenaza la integridad territorial de Macedonia, Montenegro y Grecia en sus regiones septentrionales. Es decir, que no se trata solamente de Serbia.

Dicho en otros términos: desde los puntos de vista político, económico, psicológico y de garantía de la seguridad, Kosovo no está preparado para la independencia. Serbia tampoco. Los únicos que se creen listos para esto son los euroburócratas irresponsables, los nacionalistas albaneses y la administración de EEUU. Claro, que esta última llegó a creer que estaba en condiciones de desencadenar la guerra en Iraq.

Existe la impresión que somos testigos del hundimiento del viejo orden mundial. Rusia no deja de confirmar su respeto a la integridad territorial de Georgia y Moldavia, conforme a las normas del derecho internacional, pese a que sus relaciones con esos países en modo alguno son ideales. Y me pregunto: ¿qué quieren de Rusia? ¿Que comience a respaldar las tendencias separatistas junto a sus fronteras? ¿O que salga de la ONU?

No olvidemos que fue más o menos así como dejó de funcionar la Sociedad de Naciones. Y cuando eso ocurrió, en el mundo se iniciaron los preparativos para la guerra mundial de turno.