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El caso Moix: el peligro de la herencia

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Si nos quedamos con una visión superficial del ya ex Fiscal Anticorrupción, Manuel Moix (Manolo para sus muchos enemigos dentro del Cuerpo al que pertenece), no estaríamos lejos de deducir una natural sencillez y una consiguiente falta de agresividad.

Un artículo de...

Luis Ángel De la Viuda
Luis Ángel De la Viuda

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Manuel Moix, desde esas periféricas coordenadas resulta afable, titubeante y decididamente ingenuo. Atributos que han quedado claramente afirmados en la atribulada y desconcertante defensa de su persona y de su cargo por las acusaciones que ha recibido en la historia de su participación en una cuenta en Panamá, derivada de una herencia de su padre.

Y he aquí la cuestión. No se entiende que una persona con una fuerte y acreditada formación jurídica bordeara la irregularidad, poniendo parches a los bienes recibidos de sus mayores y no haber recurrido, en primera instancia, a un garantista recurso de aceptar la heredad a beneficio de inventario. Esta inexplicable conducta tenía –tiene- todavía unos tintes de mayor peligrosidad si tenemos en cuenta que el Fiscal Moix llegaba a su puesto de la mano del Gobierno del PP para desenmarañar la tupida red de una fiscalía claramente enfrentada con el Gobierno de Mariano Rajoy, en donde la larga sombra del actual Magistrado del Tribunal Constitucional, Conde-Pumpido, argumentó con brillantez posiciones más que discutibles que él mismo no tuvo ningún remilgo en enunciar con aquello de “manchar la toga con el barro del camino”.

Ese barro espeso ha podido con el Fiscal Moix y ha dejado al borde del ridículo al Gobierno de Rajoy, a su recusado ministro de Justicia y finalmente al Fiscal General del Estado, todos ellos arrebujados de mala manera e ingenuamente confiados en un sálvese quien pueda.

Sobre ideas políticas y con esas torpezas jurídicas, el benevolente Moix se ha movido además en un terreno social y ciudadano en el que palabras como herencia, renta e incluso propiedad constituyen para todos los políticos de izquierdas, para una parte de los de derechas y para no pocos ciudadanos términos sospechosos que en sí mismos incitan a la descalificación primero y, a poder ser, a la condena después.

El affaire Manuel Moix necesita para su definitiva calificación tiempo, rigor, generosidad y, sobre todo, obliga a un análisis mucho más profundo, por encima de lo jurídico y lo político. Este es un caso, una vez más, de sociología social y de análisis psicológico. De España y de los españoles.

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