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Tribuna libre

El color de una canción

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Desde 1968 un amplio grupo de universitarios de todo el planeta participa, expone y debate en Roma en el foro internacional UNIV que organiza el Instituto per la Cooperazione Universitaria (ICU). El ICU propone cada año un nuevo tema de debate sobre el que los participantes hacen girar sus ponencias. Me ha llamado especialmente la atención el lema propuesto para este año: “Proyectar la cultura: el lenguaje de la música”.

 

Ha caído en mis manos el texto de una de las ponencias que se expondrán en este UNIV 2005: “El color de la música”. Está preparada por un grupo de universitarias de la Comunidad de Madrid. A través de su reflexión las autoras del estudio proponen la posibilidad de que en la naturaleza exista una relación entre el color y la música.

 

A grandes rasgos estaríamos hablando de trazar un espectro a partir de una melodía de Vivaldi, una opera Bach o una rumba de Los Del Río. Pero también hablaríamos de relacionar un determinado color al conjunto de una canción. En el estudio se supone una vinculación entre las siete notas musicales y los siete colores.

 

Al margen de que la propuesta de la ponencia es lanzar esta hipótesis a la comunidad científica para que sean los especialistas los que pierdan su tiempo en comprobar la fiabilidad de la teoría, en su desarrollo se recuerda la importancia de la música y el arte en la vida del hombre.

 

Una misma canción dibuja en la mente de quienes la escuchan diferentes cuadros. El lienzo de nuestra biografía se perfila acompañado siempre de canciones y colores. El amor, la amistad, la solidaridad, la alegría o la desesperación viajan acompañadas de recuerdos, de imágenes, de voces y melodías.

 

Varios científicos y muchos artistas han trabajado durante siglos en torno a la teoría de “el color de los sentimientos”. Las metáforas de las más bellas canciones y poesías de nuestra historia se empapan de colores y luz. Los mayores espectáculos artísticos presumen de su capacidad de “luz y sonido”. Con imágenes en blanco y negro se acompañan algunos vídeoclips melancólicos de Los Secretos y con los más chillones amarillo, verde y rojo desbordan de alegría las rumbas y sevillanas de Siempre Así.

 

Pero el verdadero valor de este estudio es recordarnos que tanto el color como la música “se complementan con un objetivo común: expresar la interioridad del hombre”. Filósofos, antropólogos, sociólogos, psicólogos e historiadores tratan de comprender al hombre y al conjunto de la humanidad a través de sus actos individuales o colectivos, sus reacciones físicas y psíquicas y sus relaciones entre sí. Quizá haya algo más cercano y simple que nos ayude a comprender la verdadera magnitud espiritual del ser humano: el arte.

 

A través del arte conocemos las razones mas profundas de los diversos hechos de la historia. Además del estudio de los comportamientos racionales de sus protagonistas que llevan a cabo los historiadores, el análisis de las obras de arte aporta una visión más profunda de las causas verdaderas del devenir de la humanidad. Precisamente porque el arte no representa posturas oficiales o políticas pasajeras, sino que muestra los más hondos sentimientos y pensamientos del individuo.

 

La próxima Semana Santa estas y otras muchas reflexiones serán intercambiadas por miles de universitarios participantes en el foro UNIV. Es una magnífica noticia que entre tanta frivolidad artística y tanto enfoque mercantil del mundo de la música, algunos pierdan parte de su tiempo en profundizar sobre la interioridad del individuo. 

 

Finalmente, espero que también salga a la luz en este foro universitario la teoría de que la música amansa a las fieras, que la cultura es universal y que el arte no conoce fronteras. Todas ellas tendrían útil aplicación, por ejemplo, en nuestro Congreso de los Diputados. Aunque este ya es otro cantar, sea del color que sea.