Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

  • this image alt

elconfidencialdigital.com elconfidencialdigital.com

La web de las personas informadas que desean estar más informadas

·Publicidad·

Tribuna libre

Por qué este confidencial no existe para el Gobierno

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

La prensa en Internet a quién más molesta es al poder. Por eso, el Gobierno nos niega la publicidad, las acreditaciones, la visibilidad, el pan y el agua.

Según se desprende de la actitud de don Fernando Moraleda, secretario de Estado de Comunicación, usted que lee esto, querido internauta, se encuentra en Matrix. Navega por un mundo virtual, algo fruto exclusivamente de su imaginación. Los medios informativos en Internet no existen. Los confidenciales tampoco. Está usted en la nada.

Esto es lo que parece querer transmitir el Gobierno, al lanzar la última edición de la Agenda de la Comunicación 2007, el vademécum que distribuye el departamento de Moraleda –con el dinero de todos los españoles- entre instituciones públicas y medios de comunicación con los datos esenciales de las principales organizaciones, diarios, radios, televisiones y periodistas españoles y extranjeros.

Pues por tercer año consecutivo, desde que José Luis Rodríguez Zapatero llegara a La Moncloa, los medios digitales se caen de la agenda. No existen. Out. Apagón total. Y cada año, una nueva polémica. Críticas, indignación, enfados y declaraciones encendidas. El presidente de la Asociación de la Prensa, Fernando González Urbaneja, se posicionó en su día con claridad: “Se debería incluir a todos los medios que acrediten una actividad periodística sostenida”.

Pues nada. ¿Cuál puede ser la causa de esta cerrazón? ¿Por qué este empecinamiento en obviar a los medios de Internet?

A mi juicio se trata de una decisión meditada, consciente y plenamente coherente con una forma muy concreta de entender el poder. La prensa en Internet ha logrado superar la prueba y se ha acreditado como una plataforma con peso específico propio. Los inicios no han sido fáciles, pero nadie con sentido común discute hoy el relevante papel que juega en España la información en la red. La audiencia crece, la publicidad ha descubierto un nuevo filón de clientes, y los españoles consultan regularmente páginas webs que adelantan muchas noticias que otros no pueden o no quieren contar.

Sin embargo, ¿qué pasa en La Moncloa? ¿No tienen allí esa misma percepción? Claro que sí. Allí también se percibe el empuje de Internet. Pero es ahí donde la maniobra de María Teresa Fernández de la Vega y Fernando Moraleda cobra todo su sentido. La prensa en Internet a quién más molesta es al poder, como sucede habitualmente. Ése es su principal papel: el análisis y la crítica constante a los que mandan. Sea quien sea el que ocupe la poltrona, allí estarán los medios para hablar de ellos, mostrar sus virtudes y poner en evidencia fallos y carencias.

Y me permito añadir que ahí especialmente es donde trabajan los medios confidenciales, al menos quienes no tienen ningún inconveniente en admitir que lo son. El manejo de información reservada, sensible, relevante y clarificadora sobre lo que está pasando, y sobre el trasfondo que subyace tras las grandes decisiones que se están tomando en el país, resulta especialmente incómodo para quien detenta el poder.

Pues bien. Quien dirige los destinos del país ha entendido que, para minimizar los daños, tiene una baza que jugar: obviar todo lo posible a estas nuevas plataformas. A todos los niveles. Esto es:

-- No hay publicidad institucional –aquella que pagan todos los españoles- para los medios en Internet. Y mucho menos para los confidenciales.

-- No hay acreditaciones oficiales con carácter estable por parte de las principales instituciones del Estado. Así sucede con las ruedas de prensa posteriores a los consejos de ministros, con el acceso al Congreso de los Diputados, al Senado…

-- Apenas se invita a los periodistas de Internet a los actos reservados donde si acude la prensa tradicional, viajes de mandatarios o reuniones de alto nivel.

-- Y no existen para el Secretario de Estado de Comunicación, ni para el principal vademécum de medios que éste elabora.

Sin embargo, aquí también hay que recordar que la realidad es tozuda: la audiencia empieza a contarse por cientos de miles –si no millones- y el grado de influencia de estos medios se percibe pese al ‘apagón’ gubernamental. Son fuente de inspiración para los políticos, inspiración de comentaristas que llenan tertulias televisivas y radiofónicas con sus exclusivas, y reducto donde se facilitan claves imprescindibles para entender lo que está pasando. Especialmente los confidenciales.

Por eso este confidencial no existe para el Gobierno. A pesar de ello, como tenemos fuerza y ánimo; como los anunciantes y los lectores siguen mostrándonos su apoyo, acudiremos cada día puntualmente a nuestra cita. Y si tampoco nos encuentran en la Agenda de la Comunicación 2008 de Moraleda (o del que venga), búsquenos en la web de Páginas Amarillas.