Miércoles 20/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Yo confío, tú garantizas y todo se queda en casa

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Todo es cuestión de confianza. Hay que infundir confianza. Hay que creerse que todo va bien. Hay que decirlo en voz alta

Algo huele a podrido en Dinamarca y en muchos más países, por supuesto. Dicen los expertos que la crisis es una cuestión de confianza y cuando uno piensa que lo que pasa es que el presidente del Gobierno va a presentar, eso, la cuestión de confianza a ver si en el Parlamento siguen confiando en él, resulta que no, que lo que quiere decir la frasecita es que estamos en crisis por desconfiados.

Algo así como el teatro de Tirso de Molina pero sin predestinación, al menos a la vista.

Todo es cuestión de confianza. Hay que infundir confianza. Hay que creerse que todo va bien. Hay que decirlo en voz alta y con eso, la crisis si no se arregla del todo, al menos, se queda más pequeñita.

Y ¿quiénes tienen que confiar? Pues, sin ir más lejos, los que tienen sus planes de pensiones en el banco, los que han guardado sus ahorros en una entidad bancaria y quienes abrieron, por ejemplo, una cuenta ahorro-vivienda.

Y ¿en quién hay que confiar? Pues en los dueños de las entidades en las que hemos guardado nuestros ahorros y nuestros planes de pensiones. Y también en el Gobierno que es quién nos garantiza el cobro de nuestro dinero…hasta 20.000 euros, de momento.

Y se reúnen banqueros y Gobierno, para que tengamos confianza. Y sonríen y ya parece que llueve menos.

Y ¿para qué hay que confiar?, pues para que los negocios no se vayan al traste y puedan garantizarnos nuestro dinero.

Y ¿con qué nos garantizan nuestro dinero?, pues con unos fondos que hay y que se pueden ampliar. ¿Con qué dinero se nutren esos fondos y con qué dinero se amplían? Pues con nuestro dinero.

La paradoja es que esto, que es meridianamente claro, no es nada fácil de entender, porque lo primero que uno se pregunta es quién fue el primero que desconfió y arrastró con él a otros ‘desconfiadores’

Confiar, lo que se dice confiar no es difícil, lo difícil es averiguar por qué, de pronto, hay que confiar cuando no hace tanto nadie desconfiaba y todo era una maravilla de bienestar, que hasta teníamos la ‘sociedad del bienestar’; y un sostenimiento de la calidad de vida; y el G 8 que eran los más millonarios; y hasta dábamos un tanto por ciento al tercer mundo.

Al final la culpa es nuestra por ser tan desconfiados y a lo mejor, por eso, tenemos que pagar con nuestro dinero para que nos garanticen nuestro dinero.

Nos está bien empleado, por desconfiados.

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