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Me refiero a los radicales, a los antisistema, a los independentistas. Un día queman una foto del Rey, al siguiente declaran la III República

Me refiero a los radicales, a los antisistema, a los independentistas. Un día queman una foto del Rey, al siguiente declaran en un pequeño pueblo de no se sabe donde la III República, o hablan de “300 años de represión”. En paralelo, algunos responsables políticos ponen fecha para ejercer el derecho de autodeterminación: Carod Rovira señala el 2014 e Ibarretxe, que aunque no es del mismo Bilbao, es de muy cerca –Llodio está a diez kilómetros- no quiere ser menos y no se contenta con un referéndum, sino que habla de dos: el primero en octubre del próximo año y el segundo en el 2010.

¿Qué está pasando? ¿Por qué este rebrote de radicalidad, de intentar desprestigiar y minar a las Instituciones, fundamentalmente a la Corona? Es evidente que los radicales han visto un ambiente propicio para plantear este tipo de acciones. Es el caldo de cultivo que ha generado algunas actuaciones políticas de Rodríguez Zapatero. Un Presidente del Gobierno que dice que el concepto de nación es discutido y discutible; que habla de Don Juan Carlos como un “Rey muy republicano”, que sus principales apoyos políticos los busca con quienes quieren que España deje de ser España; que negocia políticamente con ETA; que rechaza un pacto de Estado con el otro gran partido nacional sobre la cohesión territorial, en el fondo lo que está sembrando es mucho polvo y ahora se empiezan a ver los lodos.

Porque la quema de fotografías del Rey en Cataluña no es un ataque a la persona de Don Juan Carlos de Borbón. Es mucho más: es un ataque al símbolo institucional máximo de la unidad de España, de la realidad de la nación española y de la Constitución. Porque cuando algunas Instituciones gobernadas por nacionalistas vascos o catalanes o incluso por socialistas se niegan a colocar la bandera de España, a lo que se están negando es a reconocer que esa bandera es un símbolo de las libertades, de la España constitucional que se empezó a construir en 1978.

El ambiente se está poniendo muy espeso. A la proximidad de unas elecciones que todo el mundo intuye que van a ser muy importantes para el futuro de España, se añade esta escalada de radicalidad, que el Gobierno se esfuerza por minimizar en un claro ejercicio voluntarista, porque cada día hay un hecho que le desmiente. Pero reitero que se está recogiendo lo que algunos han sembrado durante estos tres últimos años de Gobierno de Zapatero.

Falta autoridad moral y política para proyectar una imagen de liderazgo institucional que es lo que se espera de un Gobierno y de un Presidente cuando pasan las cosas que están pasando en España. Falta decisión, coraje, convicciones y voluntad política para cumplir la ley y hacer que esta se cumpla en cualquier punto del territorio nacional.

Decir, como dijo Zapatero desde Rusia después de que Ibarretxe anunciara su intención de convocar un referéndum en el País Vasco el 25 de octubre de 2008, que va a escuchar al lehendakari pero que este también le va a oír, no es la respuesta que se espera del jefe del ejecutivo ante el desafió planteado. Dice el aforismo que “nadie da lo que no tiene” y muy probablemente este sea el problema del Presidente del Gobierno. Dentro de cinco meses, los españoles tendremos la oportunidad de cambiar, libre y democráticamente, este estado de cosas. Ya nadie, y menos que nadie todo esos votantes y militantes socialistas a los que todavía les importa España, pueden llevarse a engaño.