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Tras el “rasgamiento” de vestiduras, vendrán los cruces de acusaciones y aquí paz y después gloria. Y hasta otra.

Ahora para trabajar en una Consejería hay que pagar al partido. La Consejería es alguna de las de la Generalidad de Cataluña y el partido es la Esquerra Republicana de Carod Rovira y de Puigcercós.   Ya han salido a relucir –no podía ser menos tratándose de la política catalana- los trapos sucios del tres por ciento. Ya estamos todos.   Además hay un cierto desconcierto con la reglamentación interna del partido y con unas hipotéticas fichas de “simpatizantes”. Todo es un mucho esperpéntico y hasta sería risible sino fuera porque estamos hablando de dos cosas que son serias: la financiación de los partidos y la retribución de una serie de personas, sean o no sean simpatizantes de Esquerra.   Se mezclan también los problemas del tripartito y la negativa del partido independentista a aprobar el “Estatut”. Y mientras los políticos desarrollan su particular batalla, la opinión pública asiste atónita a un episodio más de la nebulosa que siempre hay formada en torno a los dineros de las formaciones políticas.   Lo único transparente en este capítulo, son las asignaciones a los parlamentarios, las derivadas de los resultados electorales y las aportaciones de sus militantes. Además están otras cantidades de los que se llaman cargos de responsabilidad. Ahí empieza la madeja que se complica cuando salta la liebre de que esas aportaciones, no son tan voluntarias o los cargos no son tan altos ni de tanta responsabilidad.   Además da la sensación de que se paga un nombramiento para un determinado cargo con parte del sueldo, precisamente a la formación que otorga ese nombramiento y hasta puede fijar – en muchos casos- la cuantía de la remuneración que se percibe y aquí la cosa se complica.   Nunca ha sido fácil fiscalizar el dinero de los partidos pero empieza a ser preocupante que cada “equis” tiempo –y en cuanto se rasca un poquito- salga algún “pufo”. Luego, casi por consenso, se tapa y hasta la próxima.   Los ciudadanos tienen derecho a conocer hasta el último céntimo de dónde vienen los dineros de los partidos y a dónde van a parar esos dineros. Tampoco se trata de llevar a cabo una caza de brujas, por ejemplo en eso que se ha dado en llamar “aportaciones anónimas”, pero un poco más de transparencia y seriedad no vendría mal.   Tras el “rasgamiento” de vestiduras, vendrán los cruces de acusaciones y aquí paz y después gloria. Y hasta otra.