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En defensa de la nación española

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Si buscamos en una enciclopedia la definición de la palabra nación nos encontramos con las siguientes acepciones: -Comunidad de individuos asentada en un territorio determinado con etnia, lengua, historia y tradiciones comunes y dotada de conciencia de constituir un cuerpo ético-político diferenciado. -Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno. -Comunidad estable, formada históricamente sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y psicología manifestada en las particularidades de la cultura nacional (Stalin). El concepto de nación incluye una serie de principios objetivos y subjetivos como la voluntad o conciencia común de sus miembros como elemento impulsor y dinámico de la nación. Asimismo la idea de nación es el motor ideológico de la unificación territorial y de la creación del poder institucionalizado en el estado moderno. Es evidente que la voluntad de los promotores del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, al incluir el término nación en el preámbulo, es crear una nación catalana que posteriormente se constituiría en estado. Es algo tan obvio que nadie puede negarlo. ¿Por qué entonces, sabiendo cuales son las intenciones de los separatistas catalanes, desde el Gobierno de la hasta ahora Nación Española se está favoreciendo e impulsando que se inicie el camino de la ruptura y la secesión? Las posturas de ERC y de CIU son absolutamente comprensibles y coherentes. Buscan y pretenden la independencia de Cataluña y sus actuaciones se encaminan hacia ese fin. Lo inexplicable es que un partido de ámbito y vocación nacional como el PSOE, con el agravante de que ostenta el poder, esté dispuesto a hacer unas concesiones de una gravedad y calado que ponen en riesgo real la unidad y la cohesión de España. En 1978, probablemente con la mejor voluntad y el deseo de alcanzar un amplio consenso, se pactó un título preliminar de la Constitución cuyo artículo segundo reconocía la existencia de “nacionalidades”, lo que junto a otras disposiciones adicionales, abría la puerta a las reivindicaciones y exigencias nacionalistas que han sido constantes desde entonces. El término “nacionalidades” fue muy cuestionado y hoy muchos son conscientes de que aquella concesión fue un error. Se está cometiendo otra vez la misma grave equivocación. Al incluir el término nación, o cualquiera de sus derivados en el nuevo estatuto de autonomía catalán, existirá una base real y legal para iniciar una nueva fase, la de crear un estado nacional propio haciendo coincidir, como ocurre en la inmensa mayoría de las naciones modernas, el estado con la nación. Es solo cuestión de tiempo. La primera etapa se ha cubierto en 27 años, la segunda sería mucho más rápida. Las evidencias son clamorosas, la inconstitucional obligatoriedad de estudiar, hablar, rotular e incluso pensar en catalán, responden a ese objetivo de crear una nación basada en la lengua, en una identidad ajena a España que se está desarrollando y fomentando de una forma artificial y totalitaria. Se pretende crear un sentimiento nacional que niegue a España, que rompa los estrechos vínculos que desde hace siglos han unido a los españoles a pesar de su diversidad. Los nacionalismos catalán y vasco son un problema gravísimo. España no es, como quieren hacer creer, ningún ogro que devora a sus hijos. Todo lo contrario, España, ciñéndonos a los tiempos de la transición, ha dado sobradas pruebas de ser una nación abierta, liberal, respetuosa con todos, conciliadora. La inequívoca vocación institucional ha sido crear un marco en el que todos los españoles, todas las sensibilidades se desarrollasen y tuvieran su espacio. Se ha buscado denodadamente la concordia, el equilibrio. España ha sido y es un lugar de encuentro, una nación que nos permite ser más libres, que sumando las características y peculiaridades que nos conforman, nos hace fuertes en el ámbito internacional y nos enriquece como país. ¿Por qué los nacionalistas no lo quieren reconocer?. Son ellos los egoístas, los que no quieren compartir, los desleales, los que tratan por todos los medios de crear diferencias, de exaltar lo propio contraponiéndolo al resto de España. ¿Es que no se puede compaginar?. La diferencia enriquece, la variedad es buena, no es incompatible ser catalán o vasco con ser español. Los estadounidenses tienen un país inmenso, con 50 estados y 300 millones de habitantes, todos ellos orgullosos de ser americanos procedan de donde procedan y voten a quien voten. El nacionalismo, reduccionista y empobrecedor, somete a un acoso dictatorial a los que no se doblegan a sus consignas. Siendo absolutamente minoritario en el conjunto de España, está marcando las directrices en cuestiones trascendentales que nos afectan a todos y está doblegando al Gobierno de la Nación, que por mantenerse en el ¿poder? es capaz de traicionar a sus principios, a sus propios votantes y a todos los españoles. El interés general de España exige ineludiblemente que los dos partidos mayoritarios establezcan un consenso básico en asuntos clave como la estructura del Estado, y que de una vez por todas se ponga fin al sometimiento constante a las demandas de los partidos cuyo único interés es destruir España. Pero, ¿cómo hacerlo si el partido gobernante en Cataluña y en Madrid ha sido el precursor de este nuevo estatuto inconstitucional y separatista?