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“Hemos dejado atrás la recesión, pero aún no hemos salido de la crisis”

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La frase no es mía, sino de Luis de Guindos, ministro de Economía durante los últimos cuatro años.

Un artículo de...

Jorge  Díaz-Cardiel
Jorge Díaz-Cardiel

Socio Director General de Advice Strategic Consultants

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Cuando estamos en ciernes de -en España- tener un nuevo Gobierno (o no, puede que haya que repetir elecciones), vale la pena hacer un parón en el camino y tomar conciencia de qué momento vivimos hoy, desde el punto de vista económico, y qué perspectivas tenemos en 2016.

Sin saber de dónde venimos es imposible comprender el actual punto de partida que supone un nuevo ejercicio económico. Por resumir -de la crisis y la recuperación he hablado por extenso en dos libros, Éxito con o sin crisis y Recuperación Económica y Grandes Empresas- baste decir que, en noviembre de 2011 España estaba al borde del precipicio: potencial bancarrota y necesidad de un “rescate a la griega”, con la consiguiente pérdida de soberanía y falta de control de nuestro destino.

El Gobierno español decidió coger el toro por los cuernos e iniciar un proceso de reformas cuyo objetivo era poner las finanzas en orden (consolidación fiscal, cumplimiento de los objetivos de déficit público), abandonar la recesión para volver a crecer y, como consecuencia, volver a crear empleo: la recesión (2008-2013) dejó en la cuneta tres millones de desempleados y la tasa de paro alcanzó el 26%. Tras Grecia, España ha sido el país con la mayor tasa de paro del mundo desarrollado.

Al mismo tiempo, se ha querido mantener el estado del bienestar: educación, sanidad, servicios públicos esenciales, pensiones, prestaciones de desempleo, etc. El plan de reformas del Gobierno que, cada año, presentaba a Bruselas a finales del mes de abril era tan ambicioso como (Reforma Laboral, Reforma Financiera, Ley de Desindexación de la Economía Española, Ley de Emprendimiento, Ley de Unidad de Mercado, Agenda Digital, etc.) hercúleo ha sido el esfuerzo de la sociedad española en su conjunto.

Primeros síntomas de cambio positivo

En el tercer trimestre de 2013, los sacrificios empezaron a mostrar los primeros frutos favorables: el Producto Interior Bruto (PIB) volvió a crecer. Y no ha parado de hacerlo desde el segundo semestre de 2013 hasta febrero de 2016. En 2014, el PIB creció el 1,4%. En 2015 un 3,2% (el doble que la Unión Europea). Adelanto un “titular”: a principios de febrero de 2016, tanto el Fondo Monetario Internacional como la Comisión Europea han mejorado las previsiones económicas españolas en 2016 y 2017: si se sigue por la senda de las reformas, España crecerá el doble que el resto de la Unión. Incluso más que Estados Unidos, primera economía del mundo. No así el caso de China que, como anticipamos en 2012 en los diarios El Confidencial Digital, Cinco Días y Expansión, atravesaría por estas fechas un período de recalentamiento previo a su desaceleración. Así está sucediendo en estos momentos.

En la primera fase de la recuperación, la demanda externa fue el principal factor de crecimiento del PIB, que llegó a alcanzar (exportaciones) el 32% del PIB en 2014, dependiente esencialmente de la Unión Europea en un 64%. La segunda parte de la recuperación (segundo semestre de 2014, el protagonismo se lo ha llevado la demanda interna: consumo de los hogares y formación bruta de capital fijo o inversión de las empresas. La creación de empleo y las mejores expectativas han hecho que los hogares hayan gastado más -y ahorrado menos-.

Desde el punto de vista del mercado laboral, 2015 se cierra con una creación de empleo del 3,2%, con 525.000 nuevos puestos de trabajo y 678.000 desempleados menos, según datos de la Encuesta de Población Activa o EPA, del Instituto Nacional de Estadística (INE). El Gobierno actual, en funciones, siempre ha sostenido que, continuando con la misma senda de las reformas, en los próximos cuatro años, podrían crearse 2 millones de puestos trabajo (o, lo que es lo mismo: medio millón de nuevos empleos al año).

Quedaría pendiente, en cualquier caso, la transformación de nuestro modelo productivo, que debería ser más tendente hacia el alemán y el norteamericano, basados en la producción (mayor peso de la Industria en detrimento de los Servicios) y, sobre todo en la Economía del Conocimiento, con una fuerte implantación de las Tecnologías de la Información en la vida empresarial, familiar y social. Baste decir que, en los últimos cinco años, Estados Unidos ha sido -su economía, sus empresas, sus pymes- tres veces más productiva que la Unión Europea porque ha basado su competitividad en la Innovación Empresarial y Tecnológica, versus la apuesta de Europa por la reducción de costes laborales y políticas de austeridad.

España comienza 2016 con fuerte creación de empleo -aunque la tasa de paro entre los jóvenes, mujeres y mayores de 45 años sigue siendo muy alta-, un crecimiento del PIB del 3,5% (tasa interanual, primer trimestre del año) y unas cuentas públicas saneadas. Cierto: la Comisión Europea no acaba de creerse que la generación de empleo y el aumento de la recaudación fiscal sean mero fruto de la recuperación económica y mayor crecimiento. No: Bruselas exige un recorte de 8.000 millones de euros en 2016 al gobierno de turno. La consolidación fiscal sigue siendo el principal objetivo del Programa de Estabilidad. Es entendible. Lo que no resulta tan… comprensible, es que, en igualdad de condiciones, a Francia y a Italia se les permita una moratoria de un año adicional para cumplir con los objetivos de déficit público que, todos sabemos, ha de llegar a estar por debajo del 3% respecto al PIB.

Herencia positiva de 2015 para encarar 2016

El turismo en 2015 alcanzó cifras récord: 68,1 millones de visitantes extranjeros. El sector del automóvil se comporta en España mejor que en el resto de Europa: tanto por su capacidad de producción eficiente, como por su creciente exportación a Europa y mercados emergentes. El endeudamiento de familias y empresas -datos del Banco de España de 26 de enero- se ha reducido sustancialmente, “aumentando la riqueza económico-financiera de las familias españolas” (Encuesta del Banco de España en Hogares).

Un dato especialmente relevante es el aumento del crédito nuevo (solvente) a las pymes (+12,3%) en 2015, que son el 99,88% de nuestro tejido empresarial, soportan el 66% del empleo y suponen el 60% del PIB. Tras años de sequía de financiación bancaria para pymes -dependen de ella en un 80%, versus el 50% en Alemania y el 30% en Estados Unidos-, paulatinamente se ha ido reduciendo la disminución de la concesión de créditos a pymes (del -10% al -5,2%, al -3,2% actual, según datos de Banco de España. Y ésta, la falta de financiación bancaria, según todas las encuestas, es la principal preocupación de las pymes españolas: al tiempo que dan máxima importancia a la incorporación de las TIC a sus procesos de gestión para mejorar su productividad y competitividad.

La sociedad de la información ha avanzado mucho en España, tanto en el sector público como privado; ejemplos sobran; basten algunas pinceladas: el 91% de las empresas tuvieron interacción telemática con la Administración, así como el 49% de los ciudadanos. Todo ello ha conseguido un ahorro de 31.000 millones a las arcas públicas entre 2013 y 2014. La penetración de Internet en empresas y hogares, la informatización, el uso de redes sociales con fines comerciales, el comercio electrónico, la utilización de cloud computing, la penetración del teléfono inteligente o Smartphone, con datos del INE (Encuestas de Equipamiento tecnológico de hogares y empresas 2013, 2014 y 2015 y los Estudios de ONTSI y Red.es con datos del INE) sitúan a España en un buen puesto de salida.

Aun así, queda mucho camino por recorrer. The World Economic Forum 2015 sitúa España en el lugar 35 en competitividad conforme once criterios y entre 144 países. Una vez más, volvemos a lo mismo: la necesidad de cambiar el actual modelo productivo hacia la Economía del Conocimiento. Está muy bien el Turismo, gracias al cual, en gran parte, hemos salido de la crisis. Del ladrillo, difícilmente vamos a poder volver a depender: las constructoras españolas (ACS, Ferrovial, FCC, Sacyr, OHL, Acciona, etc.) generan el 87% de sus ingresos fuera de España. En realidad, las empresas del IBEX-35, la columna vertebral empresarial de nuestra economía, generan ya el 70% de sus ingresos en el extranjero.

Aun así y con altibajos, los índices de confianza empresarial y de los ciudadanos marcan máximos históricos positivos. Al mismo tiempo, paro y corrupción siguen siendo las principales preocupaciones de los españoles: lo raro, es que no lo fueran. Pero España tiene los mimbres necesarios para seguir creciendo y generando empleo, si se mantienen las políticas actuales.

Riesgos para consolidar la recuperación

Por supuesto, hay riesgos externos e internos: que la Unión Europea -con quien tenemos las más fuertes relaciones económicas y comerciales- crezca la mitad que España no es buena noticia: tarde o temprano, de seguir así, nuestra economía se verá resentida. A falta del tratado de libre comercio con Estados Unidos (TTIP, por sus siglas en inglés), España habrá de seguir dependiendo comercialmente de Europa.

Además, hay incertidumbre política, que causa nerviosismo entre inversores y empresarios, siendo estos últimos los que generan riqueza y empleo. Las desigualdades sociales de que hablan Stiglitz, Krugman y Piketty, entre otros, se han acentuado mucho en España, desde 2008 y son un mal caldo de cultivo para desestabilizar la paz social. Las tensiones soberanistas tampoco ayudan, sean del signo que sean, porque económicamente España tiene un PIB y no diecisiete (tantos como Comunidades Autónomas).

En el extranjero, contamos con la ayuda del Banco Central Europeo, que inyecta liquidez y compra deuda pública. Pero sus políticas expansivas, tardías (siete años más tarde que Estados Unidos), no están causando los mismos efectos positivos que los generados por la FED en Estados Unidos, donde la tasa de paro es del 4,9%, frente al 10% de Europa y el 20% de España.

Hay riesgos geopolíticos: Estados Unidos está volcada en Asia, no en Europa. Rusia se crece (conflictos en Ucrania) pero su economía está en recesión (-3,7%, PIB), y el resto de economías emergentes están cayendo en picado, tal y como también anticipamos en estas páginas en 2013: Brasil, Turquía, Rusia… todos en recesión. Las burbujas (pinchadas) de crédito, la caída de los precios de las materias primas, especialmente el petróleo, están afectando muy negativamente a estos países. China ya no crece a dos dígitos. Ni al 7%. Este año podrá darse por satisfecha si crece un 6,6%-6,8%, lo que la sitúa al borde de la recesión… y de tener fuertes conflictos sociales internos. La economía japonesa renquea y los planes de Shinzo Abe (imitación de los de Obama) a veces son eficaces y a veces no.

El mundo, en cualquier caso “disfruta” de muy bajos precios, lo que nos sitúa a todos muy cerca de una potencial deflación. Los conflictos en Oriente Medio, cuyo epicentro es Siria/Iraq empeoran las cosas desde cualquier punto de vista: una variable indirecta de ese conflicto que nos afecta a los europeos es la crisis migratoria, que la Comisión Europea estima para este año en casi 4 millones de personas, que no vienen a Europa como turistas sino como refugiados.

La amenaza del terrorismo islamista es real y tiene consecuencias económicas negativas muy serias. Cosas de la vida, este factor ha hecho que Irán sea ahora amigo de la comunidad internacional: ha renunciado a su programa nuclear y se le han levantado las sanciones económicas. Consecuencia: habrá más petróleo en el mercado y los precios del crudo bajarán todavía más; el conflicto entre el mundo Suní (Arabia Saudí y aliados) y el Chií (Irán y aliados) se recrudecerá, al tiempo que Israel está cada vez más sola, rodeada de enemigos pero con armas nucleares disponibles.

El continente americano (Iberoamérica) está en horas bajas económicas. África está asolada por conflictos, guerras y epidemias. Asia se centra en sí misma. Estados Unidos, una vez conseguida la independencia energética, tiene un objetivo, sea quien sea presidente en noviembre de este año: recuperar la primacía económica y militar en el mundo. Cabe prever un cierto aislacionismo norteamericano, en ese sentido, a partir de enero de 2017, cuando tome posesión el nuevo presidente o presidenta.

Podríamos seguir enumerando retos, problemas y obstáculos exógenos y endógenos. Pero éstos afectan a todos los países, en mayor o menor medida.

Pienso que es llegado el momento de ver qué puede y debe hacer España para consolidar la recuperación económica. Para lo cual es imprescindible contar con las empresas, que son el verdadero motor en una economía de libre mercado, libre empresa y capitalista.

Esto es lo que haremos en próximas tribunas.

Jorge Díaz-Cardiel. Socio Director de Advice Strategic Consultants. Autor de Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama, El triunfo de América, Éxito con o sin crisis y Recuperación económica y grandes empresas, entre otros libros

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