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La derecha española y Sarkozy

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Sólo el arte del piropo según Sarkozy habrá conseguido poner roja de halago a la vieja matrona que tiene las guedejas en los Pirineos.

Sólo el arte del piropo según Sarkozy habrá conseguido poner roja de halago a la vieja matrona que tiene las guedejas en los Pirineos, un glúteo en cada Castilla y el talón en Gibraltar. Quizá todo consiste en decir las cosas por su nombre, costumbre de Sarkozy que ya supuso una irrupción de realidad en las veladuras y cortinajes de la política francesa y que la derecha española tal vez esté a tiempo de copiarle. De cara a las elecciones, Le Pen renquea, Royal genera equívoco pero llama la atención, Sarkozy da la imagen de una locomotora de vapor, con la energía de sus ambiciones: curiosamente, es el candidato de la derecha gaullista la opción menos letárgica para Francia, capaz aun así de entrar en sintonía con las buenas clases urbanas, el arraigo ruralista del país y tantos franceses de las afueras que han hecho uso del voto de la rabia.

Para su encuentro con los franceses en España, la derecha española reservó a Sarkozy el carnero mejor cebado. Él correspondió con todo género de vitaminas de ánimo y autoestima: más allá del mensaje político como mercadeo, también la política es un estado de expectativa y de emoción. Al menos una vez, en la historia se ha dicho el “ya no hay Pirineos” y siempre hay ahí la mejor desconfianza aunque mejor sean evitados los desdenes del florido Chirac o el francés servil y cojo de Rodríguez Zapatero ante la Asamblea Nacional.

En los peores momentos de Francia, cercana por momentos a la quiebra del régimen, ha habido también un regeneracionismo à la Baverez y esa figura de Sarkozy que hace salivar a las derechas europeas como si la inercia antiliberal de Francia fuese a salvarse en unos meses. Francia mira con miedo a Angela Merkel y, con los italianos, como decía Berthelot, aún no creen posible hacer nada. Respecto de los españoles, es posible un trato cooperativo por parte de Sarkozy, más allá del reparto de jabón. Crear un eje conservador de Madrid a Berlín tiene la consistencia de los viejos sueños: en todo caso, se puede constatar la influencia francesa en la frente alzada o gacha de una Unión Europea que, por otra parte, Francia considera creación suya como la sífilis o el gallo al vino. Más bien atlantista, más bien poco laicista, partidario de la autoridad en la educación, de Sarkozy se espera determinación para quitarle a Francia la clorosis y –como quería Morand- reinscribir al Hexágono en la esfera.

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