Jueves 17/08/2017. Actualizado 19:05h

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Es difícil dejar de fumar aunque sepas cómo

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Hay muy pocos métodos infalibles para dejar de fumar. En una ocasión un sabio chino me confió el suyo. Hay muy pocos métodos infalibles para dejar de fumar.

Kiko Méndez-Monasterio es uno de los mejores y más divertidos columnistas del momento. Se lo pueden encontrar en La Razón, en la sección cultural del Alba, en Lanacion.es y en otras trincheras periodísticas. En uno de sus últimos artículos ha confesado su intento de abandonar el tabaco. El texto en el que se despide de “Madame Nicotina” es un anuncio de buenas intenciones. Lo publicó Alba hace algunas semanas, así que quizá el columnista –y sin embargo amigo- haya caído ya de nuevo en la tentación de “Madame Nicotina”. Como yo pasé por ese trance imposible hace un par de años, me tomo la libertad de enviarle estos consejos. Lo hago en público además, para facilitar la terapia de grupo, que tanto gusta a los psicólogos argentinos, que son los más peligrosos de todos psicólogos. Kiko, toma nota.

Hay muy pocos métodos infalibles para dejar de fumar. En una ocasión un sabio chino me confió el suyo. Se acarició el cabello blanco, redondeó los ojos –esto es algo milagroso en un chino-, y mirándome como sólo Chip sabe mirar a Chop me reveló su enigmático secreto: cortarse las manos. Como ves, ahora hacen sabio a cualquiera. Bien, aún así el chino manco tenía razón. Si logras cortarte las manos es muy probable que dejes de fumar. Sobre todo si tu entorno familiar y tus amistades apoyan tu desintoxicación. Pero te avanzaré un problema con el que sin duda te encontrarás si das luz verde a tan drástica medida. Uno no es consciente de lo útiles que llegan a resultar las manos, las piernas y hasta las orejas hasta que las pierde. Te darás cuenta de lo difícil que es vivir sin manos desde el primer minuto, cuando después de cortarte la izquierda no encuentres la forma de cortarte la que te queda. Supongo que a estas alturas te habrá desanimado la idea del chino.

Uno de los métodos más famosos es el empleo de algún panfleto de autoayuda. Estos libros no suelen conseguir que dejes de fumar, pero tienen otras virtudes. Logran, por ejemplo, que aprendas a valorar cada cigarrillo como nunca y que vuelvas a enamorarte del tabaco como la primera vez. Estarás tan cerca y tan mentalizado de que el tabaco y tú “nunca más seréis amigos”, que terminarás valorando como nunca esa amistad cuando lances el libro a la hoguera. Este lanzamiento se producirá, posiblemente, en la penúltima página. Sí, en la que pone “Día 0. Ha llegado el momento. Fuma tu último cigarrillo y di adiós para siempre al tabaco”. Y dirás adiós para siempre al libro.

La ayuda de un psicólogo resultará especialmente divertida si estás más interesado en pasarlo bien que en dejar de fumar. Hay psicólogos que están realmente convencidos de que con su poder de persuasión pueden conseguir que dejes de fumar. Esos son los más divertidos. Pasarás unas tardes estupendas tachando cigarrillos en un calendario infantil, coloreando pegatinas con lemas antitabaco, o dibujando en el empañado espejo del baño cosas como “Kiko is the best”, “Soy Super Kiko y voy a dejar de fumar”, “Kiko tiene poderes”, o “¡Ningún nauseabundo y tóxico cigarro logrará vencer a Kiko, estandarte de la fuerza de voluntad, la reciedumbre y la fortaleza, luz del mundo y hierro forjado a duras pedradas!”. Es posible que si algún psicólogo te obliga a escribir esta última sandez tengas que pedirle prestado un trozo de su espejo del baño al vecino.

Lo de las golosinas. A cierta edad, fuera del ámbito doméstico, lo de los chupa-chups puede resultar poco estético. Como Cruyff ya no entrena al Barcelona, podemos afirmarlo abiertamente. Sin embargo, durante un tiempo no te quedará más remedio que consumir esos malditos caramelos. Antes de ponerte como Sancho Panza, te recomiendo que pases la última de tus vergüenzas intentando hacerte con un puñado de estas golosinas en su versión “light” o “sin azúcar”. No es que no vayas a engordar por dejar de fumar, pero se trata de que en los próximos meses puedas entrar en tu cuarto sin necesidad de ampliar la puerta. Lo digo por experiencia propia. La última tontería que se les ha ocurrido a los de la pesadísima cruzada antitabaco es convencer al fumador de que si lo deja no engordará. Que es un mito, dicen. Toma nota: no te creas nada. Si vas a dejar de fumar tienes que asumir que durante unos meses engordarás hasta el infinito. Lo cual tampoco tiene nada de malo. En cualquier caso, será sólo unos meses. Luego, con un poquito de esfuerzo, todo vuelve a su lugar.

Te veré después del verano. He pensado que, si logras dejarlo con ayuda de mis consejos podemos celebrarlo con una cena. Si consigues abandonar el tabaco, yo elijo el restaurante y tú pagas. Y en caso de que no logres dejar de fumar, no te preocupes: serás tú el que paga y yo el que elija el restaurante. ¡Cielos! Se me había olvidado que lo primero que pierde el ex fumador es el sentido del humor. Ánimo.

“Somos
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