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Tribuna libre

El director de El País escribe en miércoles

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La primera columna de Javier Moreno ha sido toda una novedad: por el día, por el estacazo al Gobierno, y por su visión de la prensa española.

Ha sido toda una novedad. El pasado miércoles, 22 de noviembre, Javier Moreno, director de El País publicó su primera tribuna de opinión. Como uno más. Así, sin utilizar página preferente, ni recuadro especial, ni singular boato, ni antetítulo al estilo “Carta del Director”. Nada. Un humilde miércoles, como si se tratara de un Vargas Llosa cualquiera.

Esa fue la primera novedad. La segunda tiene más enjundia. Se trata del soberano estacazo que le arreó al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, por la gestión de España que está llevando a cabo. Jesús de Polanco y su hombre al frente ahora del buque insignia de la compañía han decidido atizarle donde más le duele al presidente.

Zapatero piensa que donde más le aprieta el zapato (valga la chusca redundancia) es en la política migratoria. Como ya se ha desvelado en estas páginas, el jefe del Ejecutivo considera que ha heredado el problema de ETA (no es su culpa), pero que el desmadre de los “sin papeles” es todo suyo. Su temor es pasar a la historia como ‘el presidente de los cayucos’.

Don Jesús no piensa lo mismo. Y en La Moncloa andan perplejos con estos arreones sobre la cosa nacional de ese periódico tan influyente de la calle Miguel Yuste. No es para menos, si uno considera despacio los garrotazos del texto del señor Moreno. Una muestra:

-- “La disolución de España a manos del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, su ocaso como nación unitaria y finalmente su desplome entre rechinar de dientes al averno del fracaso como país moderno han constituido, desde el triunfo del PSOE en las elecciones de marzo de 2004, el basso ostinato con el que han machacado a los ciudadanos la derecha política y sus corifeos mediáticos”.

Otrosí dice Javier Moreno un poco después:

-- “La pésima gestión que del proceso de reordenación territorial necesario para construir la España del siglo XXI ha hecho el presidente Rodríguez Zapatero ha proporcionado, sin duda alguna, pólvora de sobra a los modernos trabucos”.

Una más:

-- “Se trata, en cualquier caso, de dar la batalla por la modernidad más allá de estériles debates nominalistas, un empeño en el que el actual Gobierno socialista ha mostrado más voluntad que acierto, más intuición que oficio”.

Y por fin:

-- “Mientras tanto, la derecha (que ya es "nacional", pero igualmente antimoderna), tras ocho años en el poder en los que organizó con ahínco todas las trincheras posibles para fosilizar a España alrededor de una idea periclitada de patria y religión, parece ahora perdida en la defensa de su desastrosa gestión tras el 11-M, confiando en que el poder le caiga de rebote si Zapatero sufre un accidente suficientemente aparatoso antes de las próximas elecciones. Nadie puede asegurar, visto el rumbo y las manifiestas incapacidades de gestión en ciertos temas clave del presidente y no pocos de sus ministros, que esto no vaya a suceder”.

Ya ven ustedes. Don Javier Moreno escribe en miércoles pero no se sirve del “día del espectador” para ahorrar calificativos. Pésima gestión, desaciertos, improvisación, frivolidad, incapacidad del presidente y sus ministros… Y apuesta –¡atentos todos!- por una articulación del Estado en clave federalista: “En Europa, la solución se ha llamado federalismo, y no hay nada en la genética de los españoles que excluya ‘ex ante’ esa posibilidad entre nosotros”.

Como apuntaba hace unos días un agudo analista en su blog, por lo pronto, el señor Moreno debería ir actualizando entonces los principios editoriales que recogen el libro de estilo del periódico que dirige. Más que nada, por aquello de adaptarlos a los “nuevos tiempos” que preconiza:

1.1. EL PAÍS se define estatutariamente como un periódico independiente, nacional, de información general, con una clara vocación de europeo, defensor de la democracia pluralista según los principios liberales y sociales, y que se compromete a guardar el orden democrático y legal establecido en la Constitución.

Como guinda del pastel está el tercer descubrimiento sobre la columna del director de El País: el conductor del diario independiente de la mañana sigue la línea marcada por el consejero delegado de la casa, Juan Luis Cebrián, en el análisis que realiza sobre el periodismo nacional:

-- “Correlato objetivo del lamentable estado de salud de la nación y el diálogo lo constituye el periodismo en España, afectado de una lista de males que no se antoja corta: manipulación de la información, insultos, mentiras, amarillismo e intromisión en la intimidad. Una mezcla altamente indigesta que se disfraza de periodismo cada día en España y en la que se han especializado la emisora de radio de los obispos, nada menos, y algún periódico conservador con vocación de cortejador de la ultraderecha, embarcados ambos en una grave operación de desestabilización de las instituciones democráticas sin parangón en Europa occidental o Estados Unidos”.

Aquí no hay variación. Los malos malísimos están en la derecha cavernaria. Y los buenos buenísimos de Polanco son los únicos que no desestabilizan, ni manipulan, ni agitan, ni mienten, ni fuerzan la realidad, ni se entrometen en la intimidad de las personas, ni promueven políticas sectarias. Faltaría más, señor Moreno.

Y ¡ojo! que la valoración proviene de un hombre aparentemente ponderado: un químico, reconvertido en profesional de la información por obra y gracia de la Escuela de Periodismo de El País. Un colega que no ha pisado jamás un medio de comunicación que no forme parte del Grupo PRISA (El País y Cinco Días). Un director que escribe en miércoles. Será por aquello de estar siempre en el centro, en la ecuanimidad, claro.

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