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El efecto Caldera

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Negociaciones con Marruecos, con Mauritania, verjas, discursos y promesas que se han quedado en la triste realidad que estamos viviendo.

Hay algo peor para un Gobierno que no hacer lo que debe hacer: no saber lo que tiene que hacer. Y eso es así por lo que de desconfianza genera en los ciudadanos.   Si un Gobierno no hace lo que debe, siempre quedará la duda de si la causa es interesada, de si no se posee toda la información para juzgar una actuación concreta, de si habrá razones que la mayoría desconoce etc. Pero cuando de forma reiterada y tozuda se persiste en el error y no se buscan soluciones de ningún tipo, hay que empezar a pensar que quien debe decidir no es que decida mal o bien, es que no sabe qué decidir. Y eso es muy grave.   La situación en Canarias con la llegada masiva de ilegales es ya –al decir de las autoridades de las Islas y de quienes viven el problema cada día- insostenible. La sensación –mejor dicho, la realidad- que se vive en Canarias es la de un Gobierno que no tiene la menor idea de las soluciones que debería aplicar a un problema que –además de sobrevenido- contribuyó a crear.   El Ministro Caldera estaba más que contento de sí mismo con la legislación puesta en marcha. Aquel galimatías de papeles, de con papeles, de sin papeles, de residencias, de permisos de trabajo, de colas en los consulados y de atenciones humanitarias a quienes llegaban destrozados y explotados por las mafias africanas no ha servido para nada y el efecto “llamada” que nunca se iba a dar se está reproduciendo de manera alarmante.   Negociaciones con Marruecos, con Mauritania, verjas, espectáculos, discursos y promesas que se han quedado en la triste realidad que estamos viviendo. Y el Gobierno sin saber qué hacer ni cómo atajar la sangría que cada semana se nos viene encima.   Decía la oposición que era una política partidista para ir acumulando votantes agradecidos. Puede ser. Pero lo que es evidente es que esa política se está volviendo contra quien la propició y, lo que es peor, se nos está cayendo encima a todos los españoles.   Ya es hora -convocatorias de la Vicepresidenta del Gobierno aparte- de que alguien haga algo o, si ustedes lo prefieren, de que a alguien se le ocurra algo qué hacer.