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Tribuna libre

En plena resaca electoral Zapatero se 'lía a besos' con Sarkozy, pero Condoleezza Rice no se deja

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Pasan las elecciones y entramos en plena resaca. Y no se salva nadie de ella: no Sebastián, ni Blanco ni ‘Espe’, ni Gallardón. Mientras Sarkozy y Rice nos visitan con distinta predisposición.

Es lo que tienen las elecciones, los análisis de los resultados y las posteriores posibles alianzas. La semana ha transcurrido con un resacón de los que hacen época y ya se sabe que tras la “cogorza” cada uno sobrelleva las consecuencias, los dolores de cabeza y la fotofobia como puede. A cada uno le da por una cosa.

A Rodríguez Zapatero le ha dado por besarse con todo lo que se mueve. Eso sí, hay besos y besos. Con Sarkozy han sido unos besuqueos casi impúdicos –políticamente hablando-, unos besos premeditados y como de reconciliación erótico-festiva que igual podían haber puestos celosa a Sonsoles e incluso a Segolëne.

Pero la resaca llega a todos y a algunos les da llorona. Es el caso de Miguel Sebastián, que ha entonado la palinodia y se ha ido entre una lluvia de almohadillas casi como un torero al que le han echado un toro al corral. Este hombre no es que se haya ido, es que nunca estuvo, y hasta Alfonso Guerra -que también está de resaca aunque no participó en la juerga electoral- se ha permitido tirarle una almohadilla al preguntar que de qué cargo se iba.

Resaca la de Blanco. Lo que pasa es que el político gallego está de resaca permanente y además le da peleona. Ahora hasta se va a pelear por unas papeletas nulas en su pueblo. Y su resaca en Palas de Rei no es que suponga que no es profeta en su tierra es que ni “es”. Se refugia en Madrid, que para eso “no es España”.

A Ruíz Gallardón le ha quedado una resaca eufórica y se postula y se ofrece y, además, se muestra misericordioso con Sebastián y dice no guardarle rencor y hasta promete saludarle si se lo encuentra en la calle, porque en otra juerga electoral parece que no se van a encontrar.

La resaca de Esperanza Aguirre y la de Rajoy son muy similares. Es la del que tras la cogorza –electoral por supuesto- mira para otro lado, se levanta temprano y aparenta naturalidad aunque la cabeza le estalle, esta vez de satisfacción. Y no es para menos.

De resaca alegre están López Aguilar, que sí ha sido profeta en su tierra canaria y reclama el Gobierno de las islas, y Rita Barberá, y Camps, y muchos más en la acera de enfrente como Barreda en Castilla-La Mancha al que la ausencia de Bono en la cuchipanda le ha sentado fenomenal.

Pero la resaca gorda, con “vomitera” incluida, es la de Navarra. Y ahí participan todos. Pero al que más vueltas le estará dando la cabeza, casi como en un día del “pobre de mí” sanferminero es al Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero. Eso no es una patata caliente, eso es el infierno de Dante asando tubérculos. Haga lo que haga va a tener resaca navarra para cuatro años como mínimo y, además, va a quedar mal con todos.

Hay resacas pudibundas y que no parecen resacas. Por ejemplo la de Llamazares o la de Simancas, que vienen a decir que su juerga fue “sin” y que ellos nunca prueban el alcohol y que están tan rozagantes al día siguiente de unas elecciones aunque las hayan perdido.

Y hay resacas que se pasan a los demás: Ruíz Gallardón pone entre paréntesis a Rodríguez Zapatero y manda a Sebastián al cementerio de los políticos: “Para estar muerto hay que estar vivo antes”. Una delicia de resaca.

Sarkozy también venía de resaca, aunque la suya era de Moët Chandon, y en cuanto se le pase nos vamos a enterar. Condolezza Rice venía totalmente serena porque no toma más que Coca-Cola y ya nos hemos enterado.

Y el que permanece totalmente sereno es Joaquín Leguina, que está diciendo verdades como puños. Pero aunque él está sereno, está poniendo de los nervios a sus conmilitones del Partido Socialista de Madrid, y que nadie se olvide de que el Palacio de la Moncloa está en Madrid.

Lo que ocurre es que hay resacas que se entienden por mor de la juerga electoral que hemos vivido, pero hay otras secuelas que no hay quien las comprenda. Por ejemplo lo del Director General de Tráfico, Pere Navarro, que es como el cobrador de las mutuas de entierros y ahora se ha inventado poner tetraplégicos en los controles de la Guardia Civil, para asustar. Boris Karloff al lado de este señor era como una película de Walt Disney.

Y para resacón-resacón, no sabemos provocado por qué brebaje, el del Ministro de Justicia y sus versos en el Senado.

Es que hay gente que tiene muy mal vino.

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