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Tribuna libre

La élite política piensa, pero ¿con qué hemisferio?

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Parece que el mundo actual está absolutamente loco, y algunos líderes políticos dan buena muestra de ello.

Acabo de ver la vieja comedia norteamericana “It's a Mad, Mad, Mad, Mad World” (“Este mundo se ha vuelto loco”). Me reía, pero sin entusiasmo, porque me parece que el mundo actual está más loco aún. Corea del Norte ha cumplido su promesa de efectuar una prueba nuclear. En vísperas, apareció ante las cámaras de televisión y prodigando sonrisas un alto diplomático estadounidense quien aseveró que EE.UU. jamás le permitiría hacerlo. ¡De ninguna manera! Me gustaría conocer el diagnóstico competente de los galenos para determinar si, en este caso concreto, los hemisferios cerebrales de norteamericanos y norcoreanos se encontraban en su sitio. ¿No habría desaparecido alguno...? De nuevo pongo la televisión. Esta vez, Euronews comenta con benevolencia el éxito de las elecciones parlamentarias en Letonia. Luego, tras una breve pausa, añade: “Lamentablemente, pese a las numerosas recomendaciones de los socios europeos, decenas de miles de habitantes no pudieron acudir a las urnas electorales”. Lo cierto es que se negó la participación a 400.000 rusohablantes que viven con la etiqueta de “no ciudadanos”, absurda desde el punto de vista del Derecho Internacional. En lo que se refiere a la cifra, “decenas de miles”, que dividía por diez el número de los privados de este derecho, no vamos a tildarla de mentira. ¿Quién sabe? Tal vez los periodistas se equivocaran por pura casualidad... En todo caso, conviene señalar que una práctica semejante existía en la URSS, en la época de Stalin. No es casual otro fenómeno: la UE democrática estima posible tener a Letonia entre sus miembros y calificar de normales las elecciones en un país donde desde hace varios decenios 400.000 habitantes están privados de los fundamentales derechos democráticos. ¿O es que, como resultado de la fallada lobotomía practicada a la elite política de Europa, ésta confunde la democracia con su imitación? Hubo también elecciones a los órganos locales de poder en Georgia, donde el guión fue distinto. Punto 1. Antes de la cita con las urnas, bajo un pretexto inventado (conspiración), fue encarcelada la parte más activa de la oposición. Punto 2. Las elecciones tuvieron lugar antes de la fecha inicialmente señalada para impedir que el resto de los opositores pudiera recuperarse del golpe asestado. A título informativo, diremos que según datos de la oposición desde hace mucho actúan en el territorio de Georgia, y con la bendición del presidente del país, “escuadrones de la muerte”. Llegado el caso, ¿podrían tal vez los defensores europeos de los derechos humanos tomarse la molestia de comprobar esas quejas? Por último, punto 3: el Comité Electoral Central de Georgia celebró las elecciones y contabilizó bien sus resultados, lo que es principal. Naturalmente, en algunos lugares se dieron ciertos anomalías, nada inhabitual: por ejemplo, en un colegio electoral votó el 114% del censo a favor del partido al poder. También se registraron otras violaciones, pero ¿a quién en Europa y, sobre todo, en EE.UU. le puede interesar todo esto, si el presidente Saakashvili no deja de manifestar su deseo de incorporarse a la OTAN? Desde hace dos semanas, se registra una notable degradación de las relaciones georgiano-rusas. Eso no significa que con anterioridad fueran buenas, pero últimamente han rebasado todos los marcos de normalidad.   El agravamiento se produjo después de que las autoridades georgianas detuvieran en Tbilisi a un grupo de oficiales rusos so pretexto de espionaje. Nadie podrá decir ya si es verdad o mentira. Al principio, los georgianos, en ausencia de abogados, encarcelaron dos días a los sospechosos (en general, les prometían 20 años de prisión). Más tarde, cuando los representantes de la OSCE vinieron a Georgia para liberarlos, el presidente Saakashvili, les entregó a los reos —¿acaso necesita Georgia los órganos de justicia?— también sin auto del juzgado. Naturalmente, esto se produjo en presencia de las cámaras de televisión y con redoble de tambores, pues se trataba de una operación especial: cada oficial ruso estaba custodiado por un pelotón de 30 a 40 agentes. Seguramente para evitar que vuelvan a la cárcel para pasar allí esos 20 años prometidos. Naturalmente, agradecemos de forma sincera la ayuda prestada por la OSCE. No obstante, quisiera hacer a los diplomáticos de esa importante organización internacional una pregunta: ¿Han oído hablar de la jurisprudencia? ¿No les ha sorprendido la facilidad con que fueron primero encarcelados y luego puestos en libertad los oficiales rusos, sin instrucción de causa? Sea como fuere, insisto en mi interrogante: ¿con qué hemisferio cerebral piensa hoy la elite de la humanidad?