Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Las encuestas

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No se sabe muy bien de qué sirven las encuestas. Las que se publican, naturalmente. Porque hay otras, las que manejan los partidos, que esas sí son verdaderas.

Las leyes electorales españolas no son, precisamente, lo más acertado que se hizo en la transición. Desde el lío que se monta con la Ley D`Hont, con eso de los votos sobrantes y los residuos de no se sabe muy bien qué, hasta la última semana sin encuestas, pasando por el día de reflexión, todo es un poco absurdo y sobre todo son normas de esas que quien las hizo también hizo la trampa.

Por ejemplo, el día de reflexión se publicarán las informaciones sobre todos los mítines del final de campaña, con lo que la reflexión será muy relativa. En cuanto a las encuestas –ya no se pueden publicar- pasa lo mismo, y si no que se lo pregunten a los juicios y a los sondeos que se han hecho para averiguar los resultados del debate.

Pero, ¿qué pasa con las encuestas? Pues pasa que nadie se las cree. Que el que más y el que menos piensa que hay ‘cocina’, que los resultados se dan en función de lo que interesa en cada momento.

¿Que interesa que baje la participación? Pues se dan unos resultados. ¿Que se pretende que la participación suba? Se dan otras cifras. ¿Que hay que asustar a una parte del electorado? Pues se le dice que su partido pierde. ¿Que hay que recuperar la moral de otro sector? Pues se dice que los suyos ganan.

Así las cosas, no se sabe muy bien de qué sirven las encuestas. Las que se publican, naturalmente. Porque hay otras encuestas que son las que manejan los partidos que esas sí que son las verdaderas. No porque no puedan equivocarse sino porque son las que los partidos utilizan para cambiar la orientación de sus mensajes, suprimir unas cosas e incorporar otras, y lo hacen sin variar las cifras que les ofrecen los institutos de opinión.

Esas encuestas, las verdaderas, están al alcance de muy pocos pues los mismos cuadros de los partidos son víctimas de las manipulaciones para dar moral o para preocupar.

Hay muchas cosas que deberían cambiar en nuestros procesos electorales. Lo que ocurre es que quienes pueden cambiarlas, que son los partidos mayoritarios, no están por la labor, y a otros, como los nacionalistas, les va bien así.

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