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Tribuna libre

Las enseñanzas estivales de Alfonso Ussía (y II)

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Recomendaciones de gran utilidad “para que no sea usted un cursi, ni un hortera”,

Como en esta época del año nadie publica discos de los que pueda hablarles un rato –hasta finales de agosto-, voy a continuar la senda que inicié la semana pasada, cuando les trasladé algunas de las enseñanzas, de gran utilidad para este verano, que pueden extraerse de una de las grandes obras maestras del célebre escritor Alfonso Ussía, “Los tres tratados de las buenas maneras”. Avanzando en la obra, hoy ofrezco una segunda y última colección de recomendaciones de gran utilidad “para que no sea usted un cursi, ni un hortera”, algo que resulta sorprendentemente más sencillo en cuanto empiezan a subir las temperaturas.

Empecemos en el terreno de las expresiones, aunque es en este punto en el que me permito la licencia de recomendar al autor que prepare una nueva colección del “Tratado de las buenas maneras”, modernizado y adaptado a las nuevas cursilerías nacionales, que son unas cuantas. Y lo digo en este momento, porque en el capítulo de las expresiones es donde el libro se ha quedado más rezagado. No obstante, algunas de esas frases “prohibidas” que, según el autor, son “merecedoras de la pena capital”, están de total actualidad en este verano del 2007. El autor ofrece cada expresión en compañía de su traducción: “Me mola el ‘jogging’ en la urba”, es decir, “me gusta correr en la urbanización; “Mamá se caga contigo”, o lo que es lo mismo pero no es igual, “le caes muy bien a mi madre”; “Papá es un cachondo alucinante”, algo que el autor traduce con acierto por “su padre tiene que ser un gilipollas”. “Lo mejor de este barco es no es nada aparente”, pero el escritor matiza: “El barco tiene treinta metros de eslora, dos palos, cuatro tripulantes y se llama ‘Neptuno de las tormentas”.

En otro punto del tratado Alfonso Ussía analiza “influencias foráneas indignantes” que salpican de estupidez nuestro lenguaje. Algunas por su conexión veraniega, son especialmente interesantes. Por ejemplo, para el autor, el “aerobic” es “una idiotez de frenético ejercicio que practican las gordas para que se forre Jane Fonda, que es flaquísima”. Del “camping” escribe que es “lo peor de lo peor”. El “jogging” –que tanto se practica en verano- lo define como una “carrera individual o colectiva que lleva irremediablemente a la muerte súbita”. Ya terminando la lista, Ussía da el golpe maestro con “Vivos voco, mortuos plango, fulgura frango”, “Llamo a los vivos, lloro a los muertos, quiebro los rayos. El que diga una sandez como ésta, o es un idiota, o está como una cabra”.

Para los que dediquen sus vacaciones íntegramente al turismo puro y duro, a mi juicio difícilmente compatible con el descanso, les ofrezco, como prevención, una breve selección de la colección de “instantáneas de posterior arrepentimiento” que Alfonso Ussía aglutina en un capítulo de su tercer tratado de las buenas maneras. En lo referente a los viajes, el autor considera imperdonables las siguientes fotografías: “fondo de torre Eiffel en París, Parlamento en Londres, Quinta Avenida en Nueva York, plaza de San Pedro en Roma, Manneken Pis en Bruselas, cataratas en Niágara o plaza roja en Moscú”. Y también: “fondo de la torre inclinada de Pisa”. Y añade: “la instantánea puede ser merecedora de pena capital si las personas que aparecen en ella simulan cierta inclinación”.

Lo cierto es que sobre el turismo, en general, Ussía lo tiene claro: “Un triunfador de la vida que llega a su casa con el plan de viaje a un país exótico es un triunfador a punto de cometer un grave error (…) Sólo los viajes por fuerza mayor, por necesidad perentoria, son admisibles y tolerables. Siempre, claro, según el tratadista”. El mismo tratadista nos advierte, por ejemplo, de que considera adecuado “ir a Viena a ver un concierto de la Filarmónica”, pero no la “horterada” de ascender a la torre Eiffel o pasear “en góndola bajo el puente de los suspiros de Venecia”.

Una de las grandes especialidades de Alfonso Ussía son los deportes playeros. No la práctica, pero sí el análisis de los mismos. Nadie lo ha definido mejor al analizar el equipaje que algunos veraneantes trasladan a la playa: “La playa es un medio, no un fin”. Y es que el escritor tiene una visión muy particular de esta afición estival, que le permite observar con objetividad la realidad de los arenales españoles: “En la playa se pueden hacer muy pocas cosas. Lo mejor de la playa es la sombra, pero esta afirmación tiene muchos detractores”. Estos son, por orden de más a menos, los deportes playeros que Ussía considera intolerables: “El tenis con palas. El tenis con raquetas de plástico. El footing o jogging por la orilla. El llamado planting, o deslizamiento sobre una plancha por encima de las olas. El windsurfing o navegación individual a vela sobre un artefacto que inevitablemente se escora y atiza con su palo la cabeza de los incautos bañistas. El fútbol playero, de ordinariez suma. El badminton, o en su defecto, el balón volea”.

El “Tratado de las buenas maneras” es una fuente inagotable de consejos adecuados para los que quieran evitar caer en la cursilería veraniega, pero también es, sobre todo, un remanso de humor muy recomendable para unas vacaciones como éstas.