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Las equidistancias de Sánchez

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No es fácil mantener el equilibrio en la oposición cuando hay que atender tantos frentes, pero en situaciones de crisis hay que mantener un cierto equilibrio y un mínimo sentido de estado.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Estar en la oposición y ejercerla con un mínimo de acierto no es fácil. Hay que contentar a las bases cada fin de semana mitinero; es necesario ser un aceptable parlamentario en las sesiones del Congreso; es fundamental aportar ideas; se hace preciso atraer a nuevos votantes por la izquierda y por la derecha del propio partido; hay que pastorear a los parlamentarios del grupo y no hay que olvidar el gobierno de la formación, desde el interior. Todo ese trabajo se le acumula a Pedro Sánchez de forma habitual.

 Además, en situaciones de crisis, hay que mantener un cierto sentido del Estado.

 Eso es lo que está ocurriendo ahora mismo, con la situación en Cataluña y con el Ébola. Si todas las ‘obligaciones’ anteriores, las mezclamos con la necesidad de mostrar una cara de estadista, defender la posibilidad de ser alternativa de gobierno y conseguir una cierta credibilidad en sectores decisivos de la sociedad, mantener la equidistancia, la prudencia y la cautela, se hace actitud obligatoria para alguien que está en la oposición y que aspira al poder.

Pero ocurre que esas equidistancias no son fáciles de lograr. Y mientras se apoya al Gobierno en el laberinto de Artur Mas en Cataluña, hay que pedir la reforma de la Constitución y simultáneamente a mostrar calma y mesura frente al Ébola -y se respalda a los profesionales de la sanidad- hay que tirarse a la yugular de la ministra de Sanidad.

Y ahí fallan las equidistancias porque no es lo mismo apoyar a un Gobierno ante las ilegalidades  que, cada día, se saca de la manga el político catalán, que pedir la inmediata reforma de la Constitución. Y tampoco es lo mismo mantener la prudencia en asuntos como los sanitarios y solamente aportar descalificaciones.

Como no es lo mismo estar en contra de un determinado ministro en el Gobierno de España, que negar -contra el propio grupo - el nombramiento de un comisario español en Europa.

Es posible que una cierta esquizofrenia sea algo inherente al ejercer la oposición, pero, el tacto, la mesura y las equidistancias nunca están de más en un político relevante.

“Somos
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