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Tribuna libre

Los dos errores de Zapatero

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Hay que reconocer que el presidente del Gobierno, en el balance que ha hecho de su gestión, ha pecado de modestia.

La humildad es una gran virtud para cualquier político. Que Rodríguez Zapatero afirme que ha cometido dos errores en su gestión, habla muy alto de su falta de soberbia.

Se ha quedado corto, muy corto al cifrar en dos, los fallos –notables eso sí- en su acción de gobierno y además ya lo reconoció ‘con mucha deferencia’ (¿) en el Congreso de los Diputados. Pues no se hable más.

Cualquier observador atento de la realidad española y que no sea tan humilde como Zapatero, podría contabilizar muchos más errores. Por ejemplo sus pronósticos de los resultados en los partidos que disputa el Barça, o cuando dijo que la selección española de baloncesto ganaría el europeo o incluso –esto pertenece a su intimidad- cuando hace quinielas.

Si hubiera que tomar en serio el balance que hizo en rueda de prensa el presidente del Gobierno, habría que comentar -no la omisión de errores en política internacional, en sus relaciones con las autonomías, en la negociación de los estatutos, en su legislación relacionada con la enseñanza o con la familia, incluso los propios militantes del Partido Socialista podrían señalar errores de bulto en la gestión del partido, como la designación de candidatos por Madrid que fue una obra directa de Zapatero- habría que referirse a la penosa elección y mezcla de los dos errores que se atribuye.

Lo grave no son esas omisiones, sino la frivolidad de equiparar el error relacionado con la ETA, al fallo de poner fecha a la llegada del AVE a Barcelona.

No reconoce José Luis Rodríguez Zapatero que sea un error su contumacia en negociar con los terroristas. Se limita a señalar que se equivocó, ahora hace un año, al decir que las cosas irían mejor y que al día siguiente, los etarras volaran el aparcamiento de la T-4 y asesinaran a dos personas. Pero además de todo eso, y de ocultar el tremendo error de querer acabar con el terrorismo negociando, tiene la desfachatez de equiparar la política antiterrorista con la equivocación al fijar la fecha de puesta en marcha de un tren. Lamentable.

La próxima ‘boutade’ del presidente del Gobierno será comparar a las víctimas del terrorismo con los ciudadanos que sufren los retrasos del AVE, o las indemnizaciones que corresponden a los unos, con la devolución del importe de los billetes de que disfrutan los otros.

Total, da lo mismo. Todo sea por la modestia y por la humildad de un gran estadista.