Sábado 23/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

El estornudo de España

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Un funcionario se encontraba este lunes tecleando en su ordenador una extensa relación de números. Llevaba varios días sin dormir, introduciendo datos de sol a sol.

Un funcionario se encontraba este lunes tecleando en su ordenador una extensa relación de números. Llevaba varios días sin dormir, introduciendo datos de sol a sol. El hombre, al borde del colapso, afrontaba la última parte de su cometido con hondo sentimiento patriótico. “¡Por España!”, se decía mientras tecleaba sin descanso. Los párpados caídos, la boca abierta, y la mente surcando las aguas de alguna isla caribeña.

Terminada la tarea, echó mano al ratón para “guardar” su trabajo y cerrar la correspondiente ventana. Quiso la mala fortuna enviar una breve corriente de aire a las inmediaciones de su pituitaria, y al instante, le sobrevino un molestísimo picor en la nariz. Sin remedio, el funcionario estalló en un colosal estornudo, que pudo oírse en todo el edificio, y que quedó reflejado en el Centro Sismológico Euro Mediterráneo. Cuentan los testigos que el hombre llegó a alzarse varios metros sobre su silla, cabeceando después violentamente contra el teclado, y activando la función de “publicación” de los datos en proceso.

Instantes después del accidente, el caos se apoderó de la oficina. La primera reacción del funcionario fue arrancar de un tirón los cables de red del ordenador, para tratar de que el documento en trance de saltar a Internet se quedara atrapado en un callejón sin salida, o se desparramara por el suelo de la oficina. Otros testigos, aún más privilegiados que los anteriores, me aseguran que tras el estornudo el funcionario presionó con tal insistencia la tecla “escape” que llegó a quedarse con ella en la mano. Posteriormente se la tragó acompañada de un sorbo de agua, al tiempo que encajaba un Valium en el hueco del teclado.

Nada pudo detener el flujo de datos, recibido por un periodista de ABC como agua de mayo en pleno mes de abril. El Instituto Nacional de Estadística ya ha abierto una investigación para esclarecer los hechos. Consideran que lo ocurrido es intolerable. En exclusiva, he tenido acceso a un aviso urgente del propio instituto: “Para evitar que tales episodios traumáticos puedan volver a producirse, este Centro se ve obligado a tomar tres severas medidas:

1)       Quedan terminantemente prohibidos los estornudos en todo el Instituto y en las inmediaciones del área de trabajo.

2)       El nuevo protocolo para los trabajadores que manipulen información de riesgo exige desde hoy la instalación y uso de un cinturón de seguridad que irá anclado a la silla de trabajo y al suelo.

3)       Desde hoy, será de lectura obligatoria la obra científica ‘Contener el estornudo es posible”.

La cadena de consecuencias y reacciones del incidente recorre España de ministerio a ministerio. Las crónicas periodísticas son espeluznantes. El ministro Corbacho ha encargado, como plato fuerte del día, un funcionario del INE en su jugo, con menestra de verdes brotes de la huerta de la Tía Elena. Los sindicatos han comparecido para negar que vayan a comparecer. La Ministra de Economía, afectadísima por el incidente, se ha quedado en blanco en pleno discurso, ha comenzado a emitir un pitido agudo, y al reiniciarse ha estado a punto de decir la verdad. Como consecuencia, varios periodistas han fallecido de la emoción.

El líder de la oposición fue avisado de urgencia en sus reales dependencias. A media tarde de ayer, se confirmaba la noticia de que ha logrado levantarse de la cama en la que ha estado reposando durante el último año. En estos momentos se debate entre acudir al trabajo o dormir cinco minutitos más. España asiste al espectáculo realmente consternada por la lesión de Raúl.

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