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Tribuna libre

El etarra adolescente y la sombra de Omagh

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El debate sobre el terrorismo ha frecuentado las portadas estos días, consecuencia de unas imprudentes declaraciones de Zapatero en las que afirmó que los ‘movimientos’ que se estaban produciendo en el mundo de Batasuna “no serán en balde”.

Se pusieron después toda la panda de ministros a hablar de lo que no sabían, y al Gobierno le ha costado apagar el barullo provocado por él mismo. La solución ha consistido en una rotunda afirmación de Ramón Jáuregui garantizando que los batasunos no concurrirán a las próximas elecciones municipales.

Al mismo tiempo, se ha vuelto a hablar del final de ETA. Y alguno ha llegado a apuntar que está próxima una noticia en ese sentido.

Sin embargo, la posibilidad de que los etarras anuncien el abandono definitivo de la violencia, que para ser creíble requeriría por supuesto la comprobación, por el sistema de una entrega de las armas, o al menos su destrucción acreditada ante observadores ajenos, está mucho más lejos de los que se piensa.

La dirección no piensa en treguas

La eventualidad de que ETA opte por dejar del todo la violencia se considera lejana, primero, porque consta que la actual cúpula de la banda en realidad no baraja una opción semejante. Es lo que han concluido los servicios de información, y así lo han comunicado al Gobierno.

Existe la convicción de que sus últimos movimientos, como el anuncio del actual alto el fuego indefinido, son iniciativas oportunistas, dirigidas a lograr que su ‘entorno civil’, los proetarras que no empuñan las armas, el mundo de batasuna, puedan concurrir a las elecciones próximas y recuperar los añorados escaños perdidos en los ayuntamientos vascos.

Los viejos

Y, además, la improbabilidad de un anuncio semejante tiene que ver con la composición sociológica del colectivo de pistoleros.

Es cierto que, dentro del magma de ETA como tal, se cuentan bastantes, incluso muchos, que están deseando acabar y poder volver a casa. Son los veteranos de la banda, los que se sitúan en el entorno de los cincuenta y más años. De esos que llevan demasiado en la clandestinidad, no pocos se encuentran en prisión y casi todos se sienten cansados.

La peor situación de ETA

Cansados y hasta desengañados. El colectivo de veteranos ha comprobado que, después de cincuenta años con las armas en las manos, la posibilidad de lograr la independencia se halla casi tan lejos como al comienzo.

Además, sobreviven acorralados, con dificultades graves para el reclutamiento, sin dinero, sin territorios seguros (al menos, cercanos a la frontera española) y con las policías del mundo entero colaborando y deteniendo (salvo, hay que decirlo, en la Venezuela de Chaves y Cubillas).

Es verdad, por supuesto, que la situación de ETA es la peor que ha vivido nunca. Lo cual no excluye, obviamente, que siga teniendo capacidad de matar.

Los cachorros

El problema para llegar a un cese definitivo de la violencia se sitúa sobre todo en el mundo de lo que podemos llamar los ‘terroristas adolescentes’. Adolescentes, no tanto por edad, aunque son muy jóvenes, sino porque la nueva hornada, los que han iniciado hace poco la travesía, acaban de estrenar el ‘oficio’.

Ellos no se sienten cansados ni desengañados. Esos recién llegados quieren continuar la aventura vital que han inaugurado. Lo que implica continuar muchos años más con la pistola, la goma-dos y el chantaje.

La tregua rota

Ya impusieron su ley los cachorros en diciembre de 2006, cuando dinamitaron, nunca mejor dicho, la negociación que había abierto el recién llegado presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero.

Los interlocutores estaban siendo los ‘viejos’, pero eran los ‘jóvenes’ los que copaban la dirección de ETA y se cargaron el proceso por el expeditivo procedimiento de colocar un coche bomba en la Terminal 4 de Barajas. Josu Ternera llevaba la batuta de las conversaciones y, sin avisarle, se la rompieron en mil pedazos la actual cúpula adolescente.

Hoy, Josu Ternera, el negociador en la tregua, el portavoz de los veteranos, continúa en libertad. Muy posiblemente con el visto bueno de quienes tendrían que detenerle, que le dejan moverse (y recibir tratamiento del cáncer) por si hay que echar mano de él a última hora para firmar esa paz lejana. Movimientos conocidos, porque, según expertos policiales, Ternera está controlado de día y de noche: se sabe a dónde va, cuándo entra y cuándo sale.

¿Otro Omagh?

Y, en esa pugna de abandono de las armas sí o no, con dos sectores enfrentados y sin que se sepa quién ganará, a los responsables políticos del Gobierno les han ido llegando mensajes de que podría estar preparándose “un Omagh”.

Es decir, un atentado al estilo del que perpetró en Irlanda una facción del IRA. La facción de los que no estaban de acuerdo con la posibilidad del final del terrorismo, prepararon una auténtica masacre con la intención de impedir definitivamente el proceso de paz.

Algo de eso, según los mensajes, podrían estar preparando los etarras de nueva generación, si ven que los veteranos llevan adelante con posibilidades el abandono de las armas.

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