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El fundamentalismo del Consejo Escolar

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Los que están más metidos en esto de la educación saben que aunque parezca que en el proceso abierto de reforma educativa todo es debate y consenso, las cosas se están haciendo de manera bastante chapucera. En primer lugar, hay que criticar la actitud del Ministerio de Educación, ausente en todo este debate, pues se ha convertido en un mero espectador del enfrentamiento entre las organizaciones educativas, especialmente en el seno de los consejos escolares. El debate está siendo falso y artificial, pues no se está debatiendo absolutamente nada. Como ha quedado bien patente en la reunión celebrada en el pasado 17 de febrero, el papel del Consejo Escolar se ha reducido a emitir una serie de votos, no a provocar el debate ni el intercambio de opiniones con el fin de facilitar la posible negociación. El talante se está quitando la máscara. Conviene llamar la atención sobre lo que de verdad se votó este jueves en el Consejo Escolar del Estado. No es sólo que se inste al Gobierno a que suprima la asignatura de Religión, lo que ya parece pretencioso y que va en contra de la legalidad vigente; sería bueno que la opinión pública conociese el contenido de algunas de las enmiendas que se aprobaron. En una de ellas, presentada por el sindicato STES (que se lleva muy bien con los colegas de Carod Rovira en Cataluña) se dice, por ejemplo, que los Acuerdos “entre el Estado Español y la Santa Sede de 3 de enero de 1979, que en la actualidad han dejado de cumplirse, por ser contrarios a los derechos ciudadanos contemplados en la Constitución...”. Esto es lo que se votó y se ratificó en la mencionada reunión del Consejo Escolar del Estado. Y hay que preguntarse: ¿estamos pagando el Consejo Escolar para que debata estas cuestiones o para que se preocupe por la educación? ¿Pretende el Consejo Escolar sustituir el Parlamento o, más todavía, comprometer la opinión del propio Tribunal Constitucional? ¿Quién es el Consejo Escolar para afirmar y nada menos que decidir que los Acuerdos entre el Estado y la Santa Sede son contrarios a los derechos ciudadanos contemplados en la Constitución? Pero no acaban ahí los disparates de la enmienda de STES, aprobada por el voto de calidad de Marta Mata, la presidenta del Consejo Escolar, una mujer que quizá ocupe ese puesto por su declarada oposición a la enseñanza concertada: en los Acuerdos Estado y Santa Sede, en el artículo primero, se dice que “la educación que se imparta en los centros públicos docentes será respetuosa con los valores de la ética cristiana”. Pues bien, el Consejo Escolar ha aprobado proponer que se deroguen estos Acuerdos, entre otras cosas, por el contenido de este artículo. Hablando claro: “respetar los valores de la ética cristiana”, dicen, es anticonstitucional; y lo dicen cuando por todos los lados estas mismas organizaciones no paran de hablar de respeto, tolerancia, libertad, etc. Libertad para todo el mundo, menos para los padres que voluntaria y libremente eligen para sus hijos una educación distinta a la que la señora Marta Mata le gustaría imponer a todos los ciudadanos, si la dejaran.

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