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Tribuna libre

El “fundamentalista” Bono

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"Sentimental, pero además constitucionalmente, España es la patria común e indivisible de todos los españoles" dijo el pasado día 8 el Ministro de Defensa, José Bono, en un acto castrense celebrado en la Academia de Infantería de Toledo con motivo de los actos de celebración de la Patrona de dicha arma. Además, el titular de Defensa añadió que "en España, sólo cabe lo que cabe en la Constitución". Estas afirmaciones del Ministro de Defensa no tendrían más trascendencia que la de subrayar lo obvio si no fuera porque se realizaron en presencia del Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y entran claramente en contradicción con lo que, de momento, conocemos que piensa el jefe del ejecutivo en torno al concepto de España como Nación. Hace muy pocas semanas, ZP tildó en el Senado de "fundamentalistas" a todos aquellos que pensaran, que pensamos, que España es una Nación y que el resto, las Comunidades Autónomas, son nacionalidades y regiones, que es lo que por otra parte dice el artículo 2 de la Constitución. Es decir que según la doctrina ZP, Bono es un "fundamentalista" y no se entiende bien que una persona del talante del actual Presidente del Gobierno mantenga en el ejecutivo a un ministro que dice esas cosas y que entra en esa categoría de personas tan peligrosas para la convivencia y la alianza de civilizaciones que propugna el actual inquilino del Palacio de la Moncloa. La cuestión más que producir risa da mucha pena. Que el Presidente del Gobierno de España diga que no tiene claro la distinción entre nación y nacionalidad, o que el primero de estos conceptos es "discutido y discutible" o que le dé lo mismo que a Cataluña se le denomine "comunidad nacional" o "comunidad histórica" es como para echarse a temblar. Qué pobre impresión deben de producir estas cuestiones fuera de nuestras fronteras a otros líderes europeos o de otros continentes que sí tienen muy claro lo que es la defensa del concepto de sus propias naciones. La duda que uno alberga respecto a este confusionismo y caos que demuestra el Presidente del Gobierno respecto a la idea de España como Nación es si es algo connatural en él o si por el contrario viene impuesto por su debilidad parlamentaria. Es decir, uno no sabe si Zapatero es incapaz de tener y defender una idea clara sobre lo que es España por una carencia de principios y de convicciones, o si ese estado le sobreviene por la necesidad de tener que contentar a Maragall y Carod-Rovira, sus auténticos apoyos en Madrid. Sea lo que sea, la cuestión es que se está jugando con fuego y da toda la impresión que Zapatero no es consciente de ello. Este tipo de debates lo único que hacen es alimentar al nacionalismo secesionista, sea este catalán, vasco o gallego. Si ahora estamos como estamos, que será cuando el Plan Ibarretxe o la reforma del Estatuto de Cataluña lleguen a las Cortes Generales y haya que decir que no, algo a lo que nuestro Presidente le tiene auténtico pavor, porque evidentemente es mucho más fácil y cómodo decir que sí a todo y a todos. Quizás para Zapatero no sea importante defender que España es una Nación, pero habrá que recordarle que para muchos españoles sí lo es y que, como dice el refrán, "con las cosas de comer no se juega". Y poniendo un acento más en la gravedad de la situación, también habría que recordarle al actual Presidente del Gobierno, que por defender a España, a esa España Constitucional, muchos han dejado su vida en el camino. ¿O por qué cree ZP que ETA ha matado durante los últimos treinta años a tantos militares, guardias civiles, policías nacionales, cargos públicos de la UCD, del PP o del PSOE en el País Vasco o en el resto de España? Al menos, el respeto a la memoria de las víctimas le debería llevar al Presidente del Gobierno a no frivolizar con una cuestión tan seria y por la que, reitero, muchos han dado su vida.

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