Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

La gran conspiración de la Casa Real

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Camaradas, ¡Salud y República! El pasado domingo, que se antojaba glorioso para nuestra bandera, fue boicoteado con premeditación y alevosía por nuestros principales enemigos: los Borbones.

 

El líder del aparato había preparado en Mauthausen un gran despliegue de nuestra sagrada insignia, que por fin, después de casi setenta años, volvía a retozar lozana en un acto oficial. Ante un hecho histórico de similares características, los principales periódicos preparaban en sus portadas, a todo color, la foto de la tricolor ondeando sobre las cabezas del humilde Zapatero y de su esposa Sonsoles, pañuelo en testa, a medio camino entre Lawrence de Arabia y Grace Kelly en la mítica imagen del descapotable de película de Hitchcock.

 

No pudo ser así, camaradas. Los Borbones irrumpieron en la agenda de la actualidad anunciando el nacimiento de un nuevo miembro de la saga, presumiblemente un Pelayo. El caso es que las portadas del lunes han desplazado la foto a color de nuestra bandera a páginas interiores, en blanco y negro, donde el morado ha quedado deslucido. Las televisiones sólo encuentran hueco para informar sobre el vástago que oprimirá al pueblo y los republicanos hemos quedado de nuevo eclipsados gracias al complot de la Casa Real.

 

¿Casualidad? No, camaradas. La princesa está en cinta desde hace tres meses, ¿por qué precisamente fue ayer el anuncio? Se trata claramente de una conspiración para deslucir nuestra enseña republicana.

 

La tricolor se pudre en el interior de nuestras comunidades, y hasta la del “pollo”, la del aguilucho con yugos y flechas, ha salido recientemente del armario con motivo de la retirada de la maligna escultura del dictador. Nuestros enemigos al menos encuentran excusas para enarbolarla, aunque simplemente sea para estamparla contra la cabezota de nuestro padre Carrillo.

 

¿Qué podemos hacer, camaradas, para que nuestra bandera no se apolille? Antes había motivos para lucirla: los petroleros se hundían en nuestras costas, los presidentes de gobierno se inmiscuían en ocupaciones militares de terceros países. Siempre había una excusa.

 

Los tiempos han cambiado y el Secretario General del partido parece hacerlo todo bien. ¿Cómo sacar nuestra bandera para protestar contra el Carmel? No habría sido justo. La cosa se complica si tenemos en cuenta que la legítima insignia de la libertad está siendo desplazada por la de los siete colores. Preocupante.

 

¿Acabará desapareciendo la tricolor del subconsciente colectivo? ¿Qué otra cosa nos queda más que clamar por la vuelta del autoritario Aznar? Aznar vuelve: sin ti, no hay motivos.

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