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Una gran mentira

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Mal que les pese, por separado o todos juntos, a Zapatero, a De la Vega, Rubalcaba, Blanco o López Garrido, el actual Gobierno del PSOE negoció políticamente con ETA

Desde que hace tres semanas Zapatero reconociera públicamente, en la larga entrevista realizada por el director de El Mundo, que mintió a los españoles porque si autorizó que siguieran los contactos con ETA tras el atentado de la T-4 de Barajas, los intentos del Gobierno y del PSOE por minimizar esa confesión de parte del propio Presidente han ido en aumento, conscientes del daño electoral que les puede hacer esa mentira de Zapatero.

En ese contexto de nerviosismo ante lo que en un País con mas cultura democrática que el nuestro hubiese supuesto la inmediata dimisión y marcha a su casa del autor de la mentira, se puede explicar en parte la reacción desmesurada, desproporcionada e histérica del PSOE ante la reciente nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal hecha pública con motivo de las próximas elecciones generales.

El párrafo de la nota episcopal que ha sacado literalmente de sus casillas a los socialistas y a sus palmeros mediáticos dice lo siguiente: “una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de población, ni puede tenerla como interlocutor político”.

En su primera y destemplada respuesta –luego han seguido una catarata de insultos y descalificaciones a la Iglesia y a los Obispos- plasmada en un comunicado, el PSOE señalaba que “lo que es inmoral es que los obispos, como el PP, utilicen el tema del terrorismo para hacer campaña electoral. Si no hay que votar a los partidos que han dialogado con ETA, o hay que votar a nadie porque ningún partido cumple ese requisito. Con ese criterio, no se hubiera podido votar a Adolfo Suárez, ni a Felipe González, ni a José María Aznar. Todos ellos dialogaron con ETA e incluso algunos de ellos, como Aznar, con un obispo como intermediario. Es, por tanto, un argumento hipócrita y malintencionado”.

Como los actuales dirigentes del PSOE no tienen ningún rubor en decir medias verdades, que en el fondo no son más que mentiras, o en cambiar la realidad y adaptarla a sus necesidades, critican algo que los obispos no han dicho. Los Prelados no dicen que un gobierno democrático no pueda dialogar con una banda terrorista para intentar su final, sino que lo que critican es que se reconozca a un grupo terrorista como representante político y se le de el estatus de interlocutor político. Eso es lo que es inmoral y lo que los Obispos denuncian en su nota.

Mal que les pese, por separado o todos juntos, a Zapatero, a De la Vega, Rubalcaba, Blanco o López Garrido, el actual Gobierno del PSOE negoció políticamente con ETA y, por lo tanto, reconoció a la banda terrorista como interlocutor político. Y eso no lo hicieron ni Suárez, ni González ni Aznar que sólo accedieron a reunirse con la banda terrorista para comprobar su voluntad de abandonar las armas y al cerciorarse que esa voluntad no existía, se levantaron de la mesa, algo que no hizo Zapatero.

En la citada entrevista con Pedro J. Ramírez, el director de El Mundo, le pregunta a Zapatero: “¿Por qué permitió que en esas reuniones con ETA se hablara del futuro de Navarra o de la autodeterminación?” a lo que el Presidente del Gobierno contesta: “ETA puede hablar de lo que quiera. Es absurdo pensar que allí no se hable de lo que sea. Bastante tuvieron que aguantar las personas que allí estuvieron, generosamente. Les estaré agradecido toda la vida”.

Es decir, Zapatero reconoce que se habló de política y durante muchas horas ya que el número de reuniones con ETA se acercan a la veintena, pero lo que es más grave: reconoce que ETA puede hablar de lo que quiera y no pasa nada. ¿Cómo puede un Presidente de un Gobierno democrático pensar así? ¿Cómo es posible que sus representantes en esas conversaciones no le dejaran claro a ETA que las cuestiones políticas como la autodeterminación, la territorialidad o Navarra tienen que ser debatidas entre los partidos políticos y en el seno de los Parlamentos y que en ningún caso deberían ocupar ni un segundo en una reunión con los dirigentes de una banda terrorista que ha asesinado a 820 personas y heridas a varios miles más?

Por eso, todo el mal llamado “proceso de paz” pilotado por Zapatero en esta legislatura que ahora termina ha sido una gran mentira y una enorme inmoralidad. Si encima el Presidente del Gobierno reconoce que mintió a los españoles y que autorizó seguir los contactos con ETA a pesar de que la banda le puso dos cadáveres encima de la mesa con el atentado de la T-4 de Barajas, ¿de que se extraña el PSOE que no sólo los Obispos, que también, sino muchos ciudadanos, consideren que sólo por eso se merecen un buen castigo en las urnas el próximo 9 de marzo?

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